Diálogo sin ambiciones de grupo La democracia no se resume al voto en un referéndum o en unas elecciones generales. Su virtud está en buscar soluciones colectivas a problemas sociales, políticos, económicos o de otra naturaleza a través de procesos de diálogo, negociación, disensos y consensos. Por esta razón, el gobierno y la oposición cívica – prefectural están obligados moralmente a alcanzar acuerdos serios y de largo alcance sobre la premisa de la persona humana como fin y no como medio para lograr objetivos mezquinos en favor de grupos privilegiados. Es cierto que en materia política el diálogo se puede producir en cualquier tiempo. Por esta razón, no es mala idea comenzar la negociación después de la "aprobación plebiscitaria y cuestionada" de cualquier proyecto de estatuto autonómico, no para negociar los votos de las personas, sino para buscar y lograr un bien superior a cualquier interés grupal: la unidad y la paz de Bolivia. Gobierno y cívicos y prefectos opositores deben escuchar la demanda popular que urge la cristalización de acuerdos destinados a ensamblar las ideas de país traducidos en el proyecto de nueva Constitución Política del Estado y las propuestas de estatutos autonómicos. Es decir, ambos documentos pueden y deben ser complementarios para incubar el nacimiento de una Bolivia con igualdad, justicia social y libertad. El diálogo es un imperativo moral, los acuerdos son una necesidad histórica, asumirlos como desafío será la mejor señal de que tenemos líderes democráticos y racionales que piensan en el bienestar de todos antes que en sus ambiciones personales. |