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Nuestra Indignidad Nacional

Alvaro Puente Calvo

21/04/2008

Una característica de la burocracia boliviana es su falta de respeto a la gente. Todos somos maltratados, pero con los ancianos es mucho peor, es increíble. Llega a la crueldad. Si no supiéramos que es estupidez se podría pensar que es sadismo.

En las ventanillas de todas las reparticiones oficiales no tienen empacho de hacernos volver quinientas veces. Pueden hacernos esperar media hora porque están las burócratas de turno pintándose las uñas, o hablando por teléfono, o porque los burócratas han bajado a tomar una cerveza, o simplemente porque están enfrascados en una conversación intrascendente. Nos ponen los requisitos y los procedimientos más absurdos. No les importan nuestro tiempo, ni nuestras necesidades, ni nuestras angustias. Por sistema nos tratan como si fuéramos retrasados mentales. Parten del principio de que no tenemos derecho ni a opinar. Creen que nos hacen un favor cuando nos atienden.

Pero todo eso parece broma cuando conocemos el trato que se da a los mayores, a los que tienen el pelo blanco y los pies cansados. Si no lo ha visto, debiera usted darse una vuelta por las oficinas y por el banco, donde cobran sus pensiones de jubilados. Si va usted por allá, los verá. Parten el alma, sin fuerzas. Algunos incapaces de soportar de pie las colas interminables que les imponen. A veces ya no pueden andar desde el taxi hasta la ventanilla, pero ahí tienen que estar y, en la mayoría de los casos, para cobrar una miseria. La verdad es que pueden hacer un poder notarial para delegar a alguien que cobre por ellos, pero es un trámite caro para la mayor parte y deben hacerlo y pagarlo una y otra vez. Cuando creemos que hemos llegado al límite de la crueldad nos encontramos que lo más terrible ha llegado ahora, cuando les han hecho a los ancianos el triste favor de incluir en su cheque los 150 bolivianos de la “ renta dignidad ”. Ahí los han terminado de matar. No les aceptan ni siquiera los poderes que ya tenían. Los que tienen permiso notarial para representar al padre o al abuela ya no pueden recibir el cheque, porque esta incluido el bono que menos respeta la dignidad. Ya no hay poder que valga. Aunque vivan ya en cama y aunque hayan dado poder absoluto a cualquiera, no cobran ni jubilación ni bono dignidad si no van ellos personal y físicamente. Los burócratas tienen que comprobar visualmente su presencia y su vida.

En todos los países civilizados del mundo se deposita la jubilación directamente en la cuenta bancaria de cada ciudadano. En todas partes, menos en Bolivia. Sólo aquí creen que la única manera de comprobar que los beneficiarios siguen vivos es viéndolos y tocando que no tienen el frío del cadáver. En todas partes se han ocupado de pensar cómo cumplir la misma tarea y de hacer la misma comprobación, pero la diferencia es que allá parten del principio elemental de que lo más importante es la vida, es respetar a las personas. Aquí ni el nombre del bono les recuerda que los ancianos tienen “ dignidad ”. ¿Comprende usted lo difícil que es combatir las mil lacras y dolores de nuestra sociedad? Cómo se va a lograr si partimos del principio de que, mientras no se demuestre lo contrario, todos somos ladrones. Suponen que todos vamos a engañar hasta con nuestra misma muerte. Hay mil maneras inteligentes de pagar a los ancianos y de hacerlo solamente a los que están vivos. Se lo hace en todo el mundo sin faltarles al respeto y sin torturarlos. Pero aquí ni lo han pensado, ni les importa, porque para nuestras instituciones, unos cuantos pesos valen más que nuestra gente y que su “dignidad”

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