¿Usted, qué opina?
Que no me digan...
Alvaro Puente Calvo
22/09/2008
Todos sabemos que la convulsión que vivimos nace cuando Evo Morales gana las elecciones. Ahí se anunciaron cambios y se empezó a temer hasta lo que no estaba anunciado. Estaba en peligro todo un sistema económico basado en el trabajo barato hasta la servidumbre y en la acumulación de tierras sin límite. Muchos temieron aún más de lo que estaba por venir. Aquel triunfo y este temor fueron el origen de todo.
La dirigencia cruceña armó la oposición más radical. Se olvidaron de los partidos y de los poderes del Estado. El Comité Cívico instaló en sus oficinas el comando general y empezó a diseñar la guerra. Más importante que almacenar armas era recolectar ataques al gobierno y obstáculos para gobernar. Todo servía para frenar los temidos cambios.
Ahí inventaron el tema de la “capitalidad”. Haría saltar en mil pedazos los cambios que venían en la nueva Constitución. Hasta podría venir con su dosis de sangre bajo el brazo para descalificar al gobierno.
Ahí apareció el “IDH”. Era pretexto para marchas y para discursos. Serviría para exacerbar los ánimos y para paralizar la vida. Incluso podría desencadenar la guerra en el momento escogido.
Ahí descubrieron el potencial guerrero y de escudo de los “discapacitados”. Su abandono y su aureola de lástima inclinarían cualquier balanza.
Todo serviría para espantar el fantasma de los cambios y para destrozar el proyecto de constitución. Incluso llegaron a la insurrección total, a la destrucción de todo. Era símbolo y realidad del rompimiento definitivo con el gobierno y con la parte del país que lo apoyaba.
Todo avanzaba imparable y agresivo hasta que de repente se detuvo la guerra y lo cubrió todo la sombra de la derrota. Los presidentes de todos los países vecinos dijeron que no aceptarían una Bolivia dividida. Bastó esa frase para que se detuvieran la guerra y la barbarie, para que se apagaran todas las batallas, para que se silenciaran hasta los insultos.
¿Qué ha pasado? ¿Es solamente aquella declaración de los países amigos? ¿Qué cree usted? ¿Qué pretendían y se les ha escapado? ¿Qué ha provocado en los líderes la sensación y el discurso de derrota? ¿Qué ha hecho que devolvieran mansamente las instituciones asaltadas y que partieran cabizbajos hacia el diálogo que nunca antes aceptaron? ¿Qué ha pasado? ¿Qué carta tenían bajo la manga y se les perdió? ¿De repente se olvidaron del rumbo por el que querían llevar a la región? Para entender la historia, tenemos que entenderlo.
¿Tendrá algo que ver la salida inesperada del embajador americano? ¿Tendrá que ver el estado de sitio en Pando? ¿Qué papel jugaron en este cambio las concentraciones de campesinos en los cuatro puntos cardinales de Santa Cruz?
Qué será. Pensémoslo porque es urgente entender. Meditémoslo para que estemos preparados para los siguientes pasos. Sabremos lo que de verdad se buscaba cuando tengamos respuestas para todas nuestras preguntas. |