¿Usted, qué opina?
Más papistas que el papa
Alvaro Puente Calvo
29/09/2008
Después de los hechos que nos llevaron al borde de un sangriento enfrentamiento, después de las tensiones dramáticas que hemos vivido cuando en Santa Cruz se destruyó todo en una batalla sin sentido y sin horizonte, después de la más absurda intransigencia, llegó por fin el diálogo. Por fin, se sentaron a la mesa prefectos y gobierno. Se empezó a trabajar con humildad en la búsqueda de un acuerdo, en búsqueda del apretón de manos que necesitábamos con urgencia.
Sin embargo, demasiadas voces de la dirigencia cívica se enfurecieron por el nacimiento del diálogo. Quieren continuar la guerra. No entienden el proceso y están emborrachados por el furor del combate vivido. Del otro lado, también fueron muchos los campesinos que marchaban hacia Santa Cruz, que se resistieron a levantar el cerco y a abrir el paso a la paz.
Unos y otros pusieron el alma en su tarea y no comprenden una paz que no sea la victoria. Es terrible que siempre tenga más espacio la guerra que la paz. Siempre hay quienes prefieren el fragor del combate, que el diálogo; que prefieren la ley de la fuerza, que la razón y el entendimiento.
Claro que para ambos lados es posible continuar el combate. Claro que es tentadora la gloria del triunfo total. Claro que el orgullo se alimenta del salvaje sentimiento de triunfo, cuando se mata al enemigo, cuando se aniquila, cuando se pisa su cabeza. Pero, ¿ese sentimiento es humano? ¿El camino al triunfo total no es el mismo malo y generador de heridas y de odios? ¿No es mucho mejor lo que se puede conseguir por el camino de la paz? Por alimentar pasiones se puede pagar el precio de vidas del pueblo que queremos salvar? ¿Servirá para algo el dolor y el odio que nos separará por años y años sin límite?
Tenemos enfrentados a grupos con distintas esperanzas y con distintos sueños de país. Tenemos intereses distintos y encontrados. Es imposible imponer a nadie nuestro sueño y es imposible olvidar los intereses de ninguno. La violencia solamente destruye la voz de los que esperan y sueñan algo distinto del triunfador. Por eso, la violencia no soluciona nada. La única vía posible, la única vía justa, la única vía duradera es el entendimiento. La única forma de crecer y vivir es escuchar todas las esperanzas y todos los intereses y buscar juntos la manera de atender y respetar a todos. Lo único fecundo y duradero es el diálogo. |