¿Usted, qué opina?
¿Gol o autogol?
Alvaro Puente Calvo
12/05/2008
La Cámara de Senadores acaba de aprobar un Referéndum. Han votado una ley para que la población apruebe o rechace al Presidente de la República y a los prefectos. Podremos aprobarlos para que continúen en el cargo, o podremos aplazarlos y tendrán que irse.
La ley es salvaje y es terriblemente antidemocrática. Fue una vieja propuesta del presidente, que sabían los senadores que era imprescindible modificar. La habían criticado duramente, pero ahora la aprueban sin tocarla, sin cambiarle una coma, para que no se la pueda volver a discutir y porque quieren utilizarla contra el mismo gobierno que la propuso. El presidente o cualquier prefecto, elegido con el 40% de los votos, ahora dejará el cargo y se irá a casa no si lo rechaza la mayoría, sino si obtiene el mismo 40%, más un voto, de rechazo. Dicho de otra manera, el que fue elegido con el 40% de votos, ahora necesita el 60% de apoyo. Si no, se va.
Lo senadores de la oposición creyeron que daban el golpe genial. Estaban felices. Con la sonrisa de quien acaba de cometer una travesura, toda la oposición congregada en el Senado, esperaba la reacción de Evo Morales y del MAS. Cuando el Presidente aceptó feliz la ley y el reto, cambiaron la alegría y empezaron recién a pensar.
Parece claro que el prefecto cruceño obtendrá con seguridad el apoyo que necesita y más. Todos los demás prefectos han quedado en la cuerda floja. Cuando el Prefecto de La Paz, por ejemplo, fue elegido, votaron por él un 37,9% de los votantes. No votaron por él un 62,1 % de los paceños. Ahora, con un rechazo del 38% pierde el cargo. Dicho de otra manera, necesita conseguir el 62% de votos a favor para poder triunfar. Un poco menos grave lo tienen los prefectos de Pando, Beni, Tarija y Cochabamba. Todos necesitan apoyos casi inalcanzables para continuar siendo prefectos. Lo contrario les sucede al Presidente y al Vicepresidente. Aunque más de un cuarto de millón de los que los votaron hace dos años cambien ahora de parecer, pueden darse el lujo de continuar gobernando el país. Si fueron elegidos con el 54% de votos, en este momento les basta obtener el 46%.
Ahora ya es tarde para cambiar la ley. Los que reían ufanos su astucia y su golpe político, ahora se dan cuenta de que pudieran haberse metido autogol. Querían clavar un dardo en el pecho del presidente y se dan cuenta de que, en lugar de herirlo a él, han herido de muerte a sus aliados prefectos. Tienen la sensación de que, sin quererlo, han golpeado a los suyos y que no es seguro que hayan dañado al que querían matar.
A eso se suman otros factores que influirán en la decisión de varios miles de votantes. Por un lado, todos sabemos que no tenemos líderes en el banquillo de suplentes y serán muchos los que antes de destituir al presidente actual se preguntarán si no será peor el remedio que la enfermedad que quisieran curar. Por otra, todos sabemos también que sin Evo, hoydía el país es inmanejable, ingobernable. Por eso, también serán muchos los que no querrán arriesgar a la patria a revivir etapas de descomposición como la que vivimos en el famoso octubre negro, que ahora pudiera surgir en cualquier región de Bolivia. Por último, muchos que votaron por Evo ahora están disconformes con su gestión y no ven todavía el cambio soñado. Con todo, volverán a darle su apoyo, porque aún esperan y necesitan el cambio, que nadie más podrá comandar. En cambio, serán pocos los que tengan los mismos sentimientos y las mismas razones con los prefectos.
En fin, qué pasará? No podemos saberlo todavía. Sólo hay algunas pistas. Lo único cierto es que no está claro en qué arco entró el gol de la oposición. |