¿Usted, qué opina?
Si leyéramos la realidad…
Alvaro Puente Calvo
11/08/2008
Ha pasado el referéndum revocatorio. Para algunos temido, para otros esperado, para muchos indiferente, el referéndum revocatorio ha pasado sin pena ni gloria y sin grandes novedades que no sea la constatación de nuestra realidad diversa y polarizada. Ha pasado sin esperanzas que no tuviéramos antes, sin rebeldías que no hayan brotado hace tiempo.
La consecuencia que se descubre a primera vista de la etapa previa y del mismo referéndum ha sido la agudización del enfrentamiento, la constatación de la distancia que separa a los líderes y a nuestra gente. El único fruto que aparece evidente ha sido la agresión y el insulto. Sin embargo, tenemos la necesidad vital de cosechar otros frutos más positivos. Guste o no, sea fácil o no, tenemos que buscar el encuentro, el diálogo, la concertación, porque la guerra sólo produce muertos. Las peleas sólo dejan rencores que no permiten vivir. Los golpes sólo incuban venganzas. Y ahí sí nos ha dejado razones el referéndum revocatorio. Nos ha dejado razones para hacer nacer otras actitudes, para sacudirnos a ambos bandos, para aplacar las soberbias y los odios.
El referéndum ha mostrado al gobierno nacional que las demandas y las actitudes de los departamentos opositores no son solamente el empecinamiento de cuatro “oligarcas”. El referéndum debiera mostrarles que hay una impresionante multitud de gente con ellos, multitud que en democracia tiene que ser escuchada, comprendida, respetada. Si hay tantos, hay que conocer y hay que considerar ―con atención y respeto― sus razones, sus demandas, sus esperanzas
El referéndum también debiera hacer pensar a la dirigencia regional. A pesar de todos los avatares, a pesar del desgaste de dos años de gobierno, ha aparecido como inmenso el apoyo al presidente. A pesar de todos los enfrentamientos ha crecido más allá de lo previsible la aceptación del presidente en el país y en el mismo departamento cruceño. Esto debiera hacer pensar a los líderes del oriente que no todos somos iguales, ni todos pensamos y sentimos lo mismo. Los resultados deben hacerles comprender que no todos hemos tenido la misma suerte en la vida y que hay muchos que se aferran a la esperanza de un cambio que para ellos está en el gobierno actual.
Cuando todos los sectores, cuando todos los actores de esta crucial etapa de nuestra vida nacional sean capaces de leer la realidad, recién entonces seremos capaces de escribir la historia de nuestro pueblo. Si unos y otros comprendieran y aceptaran la diversidad, nacería por sí solo el entendimiento y el diálogo. Si comprendieran todos que no somos enemigos, sino diferentes, pero compatriotas, el trato pasaría del desplante y el insulto al diálogo y todos pasaríamos de la guerra a la paz.
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