Internacional
Tom Pérez, del Comité Nacional Demócrata
‘Trump es el presidente más destructivo-divisivo de EEUU’
Tom Pérez, presidente del Comité Nacional Demócrata. Foto/El País

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Lunes, 22 Enero, 2018 - 17:19

El 430 de South Capitol Street invita al olvido. Lejos del esplendor de los grandes edificios imperiales de Washington, la sede del Comité Nacional del Partido Demócrata es una achaparrada estructura de hormigón con aire de oficina de provincias. A sus puertas no hay banderas ni águilas doradas ni los habituales símbolos del poder americano, pero en su interior bulle un ambiente juvenil y multicolor en el que a cada conversación se percibe el deseo de superar el vacío dejado por la derrota de Hillary Clinton.

Ese es el objetivo final del presidente del Comité Nacional Demócrata, Tom Pérez (Búfalo, Nueva York, 1961). Hombre de maneras sencillas, el estratega electoral recibe a EL PAÍS sin corbata. Habla en inglés, aunque a veces, cuando se refiere a Donald Trump y su desprecio a los inmigrantes, no puede evitar el español de sus ancestros. “Solo nos trae devastación y caos”, afirma Pérez, quien considera el shutdown un ejemplo del “fracaso masivo” de los republicanos. Su despacho, con vistas a un Washington helado, exhibe más fotos de su familia que de presidentes.

Pregunta. ¿Por qué perdieron en 2016?

Respuesta. Nos faltó organización. Dimos cosas por ganadas, como los distritos afroamericanos y latinos, y dejamos que la política se volviera transaccional. Ocho días antes de las elecciones llegamos a mucha gente y les dijimos: ‘Tienes que votar demócrata’. Pero deberíamos haber estado ahí todo del año y habernos asegurado de conocer sus sueños y necesidades.

P. ¿Y ahora qué piensan hacer?

R. Tener una estrategia para cada distrito y no dar nada por ganado. La organización debe estar en todas partes y ser diaria. El nuevo Partido Demócrata debe mostrar a su gente por qué lucha.

P. ¿Para todo eso no necesitarían un líder fuerte?

R. Tenemos muchos líderes. Están en el Congreso, en los estados y también en las bases. Los vimos en la marcha de las mujeres o en las manifestaciones a favor de los dreamers. Líderes no nos faltan. Yo mismo soy un activista de base y sé que cuando más fuertes somos es al trabajar de abajo arriba. No necesitamos un solo hombre fuerte. Eso es para Trump

P. Pero Trump, con sus tuits y su discurso agresivo, parece haberse apoderado de la agenda. ¿Cómo piensan contrarrestarlo?

R. El año pasado ganamos elecciones estatales en lugares donde se creía que íbamos a perder. Lo hicimos peleando por los temas que a la gente le importan. En Virginia, por ejemplo, triunfamos porque luchamos por la sanidad pública. Donald Trump ha prometido muchos cambios, pero los cambios que la gente está viendo no mejoran su vida. Los obreros, los latinos… son muchos los que han empeorado.

P. ¿Le ha sorprendido Trump y su primer año?

R. Lo que está haciendo es consistente con su vida. Es un bravucón sin principios, incapaz de unir a su pueblo y que gobierna por división y conquista. Es el presidente más peligroso de la historia de Estados Unidos, inestable y una vergüenza para su nación. Hasta la posición del país en el extranjero está sufriendo. Pero la gente empieza a despertar…

P. ¿Y ese despertar puede influir en las elecciones de noviembre, cuando se renuevan toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado?

R. Hay mucho trabajo que hacer, muchas batallas, pero si apostamos por nuestros valores tendremos una oportunidad real de ganar. La gente ha empezado a entender que este presidente solo piensa en él mismo.

Cuando Pérez habla de desigualdad e emigración clava sus ojos en el interlocutor y se enciende. Hubo un tiempo, allá por los años ochenta, en que recogía basuras por los arrabales de Providence (Rhode Island). Era una forma de pagarse los 11.000 dólares que costaba al año la carrera de Derecho en la Universidad de Brown. Hijo de exiliados dominicanos y huérfano de padre desde los 12 años, nunca se arredró ante las dificultades y, tras licenciarse, se tituló con las máximas notas en la Escuela de Leyes de Harvard. Luego asesoró al senador demócrata Ted Kennedy y fue ayudante de la fiscal general Janet Reno.

Al entrar Barack Obama en la Casa Blanca, le dio a aquel hispano de hierro el mando de la simbólica División de Derechos Civiles. Una atalaya desde la que Pérez hizo vibrar a la nación. En plena crisis hipotecaria se enfrentó a los grandes bancos y les obligó a cerrar una acuerdo de devolución por más de 650 millones de dólares. Poco tiempo después, le paró los pies al xenófobo sheriff Joe Arpaio. Con este bagaje, un reelegido Obama le nombró secretario de Trabajo. Era el único hispano del gabinete y, para muchos, el más progresista. Descalabrada Clinton, fue recuperado por el núcleo duro de Obama para hacerse cargo del partido. Era (otra vez) el primer hispano en el puesto.

P. Trump ha puesto fin al programa que protege a los dreamers, ha quitado la protección a 200.000 salvadoreños, quiere reducir a la mitad los permisos de trabajo y residencia y ansía construir un muro con México. ¿Es posible un pactar una reforma migratoria con alguien así?

R. Un reforma integral de la migración es un imperativo moral, de seguridad y económico. Pero resulta muy difícil cerrar un acuerdo con Donald Trump, porque no tiene escrúpulos morales. Dice una cosa hoy y otra mañana. Su único norte es su supervivencia. No es la primera vez que en este país hay gente que enfoca la inmigración como un asunto salarial, pero este presidente lo ha hecho de la forma más destructiva posible. Es el más divisivo de la historia de EEUU y el que más daño ha hecho a los latinos.

P. ¿Y cómo es posible que haya tantos latinos, casi el 30%, que votasen a Trump?

R. A ver, la mayoría votó por Hillary Clinton. Y lo que está claro es que Donald Trump está haciendo sufrir cada día más a esta comunidad. Y eso, como ya hemos visto en California, está logrando que los latinos se vuelvan una parte sólida y permanente del Partido Demócrata.

P. ¿No cree que el destino de los dreamers ya está sentenciado? ¿Que ligando su futuro a un acuerdo sobre el muro con México les está indicando la puerta de salida?

R. El muro es una solución del siglo III. Un colosal desperdicio de dinero que solo sirve para hacerle el juego a su base. Los dreamers son tan americanos como mis tres hijos. Solo les falta un trozo de papel. Son nuestros profesores, bomberos, médicos, trabajan en Ejército…

R. ¿Y no hay chantaje en vincularlos al muro?

P. Por supuesto, un muro no puede ser moneda de cambio de nada. Durante el huracán que devastó Houston, muchos de los que primero salieron a ayudar fueron dreamers. ¿Y qué van a recibir a cambio? La expulsión. No es solo excesivo, es inhumano. Por eso importan las elecciones. Y por ello los hispanos deben hacer notar su fuerza.

P. ¿Darían ustedes la ciudadanía a los inmigrantes indocumentados sin antecedentes?

R. Por supuesto, la ley que se presentó en 2014 [y que abría las puertas a la regularización de cinco millones] es la que debe negociarse otra vez. Da un camino claro hacia la ciudadanía. La política de Trump es antiamericana. Basa su estrategia en la división, no cree en la emigración. Pero somos un país de migrantes y siempre lo seremos. Ellos hicieron América grande. Eso supera el espectro ideológico.

P. ¿Temen otro ciberataque como el ordenado por los rusos en 2016?

R. Siempre hay riesgo y por eso hemos reforzado la seguridad. La lección más importante es que estos ataques volverán a ocurrir. Hay que permanecer vigilantes.

P. ¿Incidió la injerencia rusa en la derrota de Clinton?

R. Indudablemente jugó un papel. Los rusos fueron implacables en su intento de interferir. Y no se limitaron a Estados Unidos, sino que también a Europa. Su objetivo es socavar las instituciones democráticas.

P. ¿Y cree que Trump ayudó a los rusos?

R. No hay duda de que la Administración Trump y el Gobierno ruso estuvieron coaligados. Ya estamos viendo imputaciones por ello y vendrán más.

P. ¿Apoyaría el impeachment?

R. No pienso sentarme a esperar un impeachment, trabajo duro para asegurar que ganaremos las elecciones.

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