Opinion
¡QUE NO SE NOS RÍA EL GUSANO!
Buscando la verdad
Gary Antonio Rodríguez Álvarez
Sábado, 21 Mayo, 2016 - 01:49

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Un agresivo ataque del gusano cogollero a cultivos de maíz y sorgo en el Área de Expansión, al Este de Santa Cruz, ha bajado su rendimiento entre un 30 y 50 por ciento, informó ANAPO. La producción de maíz -como ocurre en la generalidad de países- reviste una importancia estratégica para la seguridad alimentaria, ya que al igual que el sorgo, es un insumo fundamental para el alimento balanceado utilizado en la producción aviar, bovina, porcina, etc., para obtener carne, huevo, leche y otros, a precios accesibles para la población.

Es tal la dependencia que existe entre la producción del maíz y los productos que de éste se derivan, que una pérdida significativa del cultivo o una producción de baja calidad puede ocasionar la inmediata subida de precios de los productos de la canasta familiar.

La producción de maíz en Bolivia no solo depende del clima sino de salir airosa de las plagas que se van haciendo resistentes a los insecticidas -como el gusano cogollero- debiéndose aplicar más y más veneno para poderlas controlar, incrementando el costo de su producción hasta llegar a un punto en el que -disminuida la utilidad del agricultor- se lo deje de sembrar. Otra preocupación es el hecho que el aumento de la cantidad de aplicaciones y dosis del veneno pueda dañar la salud del agricultor, de los aplicadores o afectar al medio ambiente.

El gusano cogollero es un insecto que se oculta en el retoño de la planta y la va devorando por dentro afectando su desarrollo, pudiendo ocasionar la pérdida total del cultivo. ¿Qué hacer para solucionarlo? Las autoridades tienen la palabra…

Si el uso de semilla de soya genéticamente mejorada ha demostrado por más de 10 años sus bondades, sin causar un solo problema en el país, la opción para controlar dicho gusano sería apostar por el uso de la mejor tecnología que al margen de no dañar el medio ambiente respete a la “madre tierra” y en vez de afectar la salud de las personas, las alimente de mejor forma y a un menor precio: esto se puede hacer, sembrando maíz genéticamente mejorado.

En función de ello, lo que corresponde es convocar al Comité de Bioseguridad para iniciar un análisis técnico-científico sobre los eventos que corresponderían introducir al país.

Pero, si no se autoriza el uso de biotecnología en el maíz, el problema se agudizará para gozo del susodicho gusano que seguirá saciando su voraz apetito a costa de destrozar nuestra soberanía alimentaria y hacer trizas la meta de triplicar la producción de alimentos, al 2025.

Gary Antonio Rodríguez Álvarez es Economista y Magíster en Comercio Internacional

Santa Cruz, 18 de mayo de 2016