Opinion
EN MEMORIA DE LA MASACRE DE SAN JUAN
El Púlpito
Guillermo Siles Paz, OMI
Viernes, 23 Junio, 2017 - 18:46

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Estos días repasando las páginas de una mina de coraje, volví a sentir como la sangre minera, combativa y heroica, marcaba un horizonte en la historia del país. Al leer la historia que se generaron a raíz, de todo lo que los mineros vivieron, en su lucha por la vida. Estos hechos nunca los viví, Yo conocí las minas en los tiempos de las cooperativas, cuando la COMIBOL dejó de operar. Algunas cosas escuché, otras leí, aunque en la memoria de la gente, siempre estuvo vigente esta triste historia. Aun me cuesta comprender algunas cosas, por eso recurrí a algunos testimonios y algunos escritos de ese tiempo.  La lista de los muertos y heridos, fueron confusos, pero nunca hubo juicios o resarcimiento por esta masacre.

Antes de la toma de las minas, muchos hechos habían ocurrido. Pocos años antes en Bolivia se había tenido un golpe militar de Barrientos. Las elecciones habían fracasado y llega este golpe para controlar todo un fenómeno político, que luego marcará un hito en la historia de Bolivia. Desde ese entonces los mineros tenían una fuerte resistencia. Lo cual les llevó a una serie de ataques que culminarían con la masacre.

Tal vez lo más marcó, en los años 65 al 67, fue que el presidente Barrientos había decidido disminuir el salario de los mineros. Las secuelas de esta decisión no fueron pequeñas, muchos mineros perdieron hasta el 40% de su salario. El salario de un minero era de 60 $us, mientras que de los técnico de 400 $us. La indignación era grande y eso no se podía soportar. A eso, el gobierno no pudo controlar y poco a poco la tensión en las minas creció e inclusive luego de algunos enfrentamientos, se dieron los exilios de varios dirigentes. Se militarizaron las minas, pero luego tuvieron que dejar. Esos años previos a la noche de San Juan marcaron el rumbo de las decisiones futuras del gobierno.

Uno de los dirigentes, el más reconocido, don Federico Escobar decía con frecuencia: “el sindicado de Siglo XX no es apolítico. Pero si es apartidista. Pertenece a la clase trabajadora. ¡Ojo con los políticos que hablan lindo! Los partidos políticos deben servir a la clase trabajadora, y no servirse de ella. Es la clase trabajadora la que debe hacer sonar sus tambores para que ellos bailen a nuestros ritmo”.

En este ambiente los mineros siempre marcaban la línea política del país, muchos de los grupos sociales tenían que hacer alianzas con los mineros para lograr algo. Lograron ser la fuerza social y política, que mantenían controlados a todos los gobiernos. Tal vez el sueño que siempre han tenido gobernar, no lograron, pero siempre han estado defendiendo los intereses de los trabajadores y obreros.

Ya muy cerca de San Juan el debate sobre la presencia del Che Guevara en Bolivia ponía nervioso al gobierno boliviano, pero más a la CIA. Quedó claramente demostrado como fueron los operativos, y de qué forma, se quería intervenir los centros mineros.

El caso es, que la CIA. Pensaban que en Siglo XX y en Huanuni estaba el apoyo principal al Che, Y que desde ahí se iba a declarar la guerrilla urbana, y que los dirigentes andaban recolectando Mit’as (apoyo económico) para apoyar la insurrección y que ya varios mineros se habían alzado, junto a Guevara en las montañas, El gobierno decide dar un escarmiento ejemplar. Le interesa que sobre todo, capturar a los dirigentes que iban a tener en esa fecha un ampliado en el Sindicado Siglo XX.

Casi siempre los mineros habían sido considerados comunistas, muchos ciertamente habían ido a formarse en Rusia y Cuba. Sin embargo los misioneros de ese tiempo, conocieron de cerca que no era del todo cierto. Cada relato que encontramos siempre reflejaba el coraje de los mineros y la triste realidad, mucha pobreza e injusticias. Los dirigentes mineros, en su mayoría, creían en cambiar estructuras, pero sus luchas nunca llegaron a término, porque por todos lados fueron arremetidos. Los llamados comunistas, en el fondo tenían, sus tradiciones, costumbres, su cultura y religión, siempre estaban presentes. Ahí les encontrabas como viviendo su cercanía a su tierra. De hecho los misioneros habían sido enviados para combatir el comunismo, sin embargo encontraron una realidad de pobreza e injusticia, que no tenía una forma de explicar y entender. Se preguntaban, si de ahí sale la riqueza del país, porqué viven tan pobres, y tan descuidados. Porque hay tantos índices de extrema pobreza y analfabetismo tan grande.

De todas maneras la noche de San Juan, como era la tradición todos quemaban y brindaban. Estaban alrededor de las fogatas compartiendo un licor, ponches y también su coca. Era una noche de fiesta y alegría entre vecinos. Nadie se podía imaginar que los militares ingresarían de forma clandestina, como los muchos relatos que los conocemos. Desde Cancañiri, lugar donde estaba la estación del tren. Desde ahí bajaron a la madrugada. Pero toda su intervención, su crueldad, les salió tan mal, que no lograron detener a los dirigentes mineros, solo masacraron a los pobres de los campamentos. El dirigente minero que murió es Maisman. Como diría Gregorio Iriarte, “el dato contundente fue que solo uno era minero, y el resto eran campesinos y muchos señores del pueblo, porteros guardias. Ahí sí que la Radio Pio XII lo denunció y les trajo muchos problemas, se tuvo que explicar. El conflicto era grave y la operación muy bien planificada, quedo demostrada que el gobierno muy poco tenía que hacer en esas decisiones.”

Nunca se aclaró el tema. Sin embargo, cada año los mineros, desde donde se encuentran van recordarlos a todos los caídos. La justicia no dio ningún tipo de castigo a nadie, y tampoco se dieron castigo a los que mataron por órdenes superiores. En los últimos años con las cooperativistas perdieron toda la fuerza, que en otrora habían sido grandes desestabilizadores. Tal vez porque hoy son los cooperativistas los que marcan el ritmo de la minería en Bolivia. Hoy los obreros de las minas celebran nostálgicamente esta gran masacre que está en la historia del País, y se recuerda para no perder la memoria del pueblo.

 

Son 50 años, de estos hechos fatídicos, y hoy nos toca de ponernos a reflexionar. Ojala no se repita el abuso del poder y la muerte de inocentes.