Opinion
LA IDEALIZACIÓN DE LA IZQUIERDA RADICAL
Los otros caminos
Iván Castro Aruzamen
Lunes, 22 Mayo, 2017 - 09:50

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¿Por qué la izquierda radical, y sobre todo, la idealizada es un peligro social? En primer lugar, porque una izquierda así, sustenta su modo de actuar políticamente, en la razón analítica. Y toda razón analítica, no es otra cosa que la búsqueda de justificación de todo lo justificable. En palabras de Karl Popper: «dar explicación satisfactoria de todo aquello que nos parece preciso una explicación». No cabe en este tipo de racionalidad la pregunta sobre el porqué de las cosas, ni lo que son y para qué son las cosas.

Si bien la década de los 60 y 70 del siglo XX fueron años de una profunda conciencia de cambio y transformación, al final, sucumbió dicho espíritu, debido al fracaso de la izquierda idealizada, exaltada, al punto de haber sido endiosada. Para nosotros, ya quedan lejos, esos años de fecundidad revolucionaria, en la que se formó toda una generación optimista. Atrás quedó el mayo 68, cuando se creía que finalmente la revolución era posible; o tan lejos están ya, los años del Papa Juan XXIII y el Concilio Vaticano II, Medellín y la teología de la liberación. Así como los movimientos contraculturales de la lucha por los derechos de los negros llevada adelante por Martín Luter King o los miles de asesinados en Latinoamérica, porque murieron convencidos que sí era posible una revolución que transformaría la sociedad en un lugar donde todos pudieran caber. Es más los revolucionarios de esa izquierda idealizada creían que la esperanza estaba a la vuelta de la esquina.

Pero, para quienes leímos a principios de los años 90, El archipiélago Goulag de Alexander Soljenitsyne, editado en Francia en 1974, pronto nos asaltó la desilusión; una gran desilusión, porque era inimaginable los horrores que se habían cometido bajo el terror estalinista. Por eso, ya no nos creímos el cuento cuando una nueva izquierda idealizada, alzó la bandera de la revolución cultural. Volvió a la memoria, todos los crímenes de Mao-Tsé-Tung; en nombre de una revolución cultural en la China se cometió un genocidio. Tras los datos de que más de cuarenta millones de personas fueron asesinadas en nombre de esa revolución, ya no había espacio para ninguna revolución posible. Ese ciclo de la izquierda idealizada se cerró con el fracaso en Camboya, Nicaragua y el Salvador. Todas esas revoluciones fueron un rotundo fracaso. El día que se derrumbó el muro de Berlín, aquellos que en la provincia, en el margen del país, habíamos leído el diario del Che y visto en VHS, una y otra vez, noche tras noche, la idealización del guerrillero más fraudulento de Latinoamérica, comprendimos que la herencia revolucionaria de las décadas precedentes, por muchas otras razones, era imposible. La ciudad, los perros, los pobres, la miseria urbana, nos despertó de la mentira revolucionaria. Y en mi caso, no pudo ser más pertinente la filosofía, la teología y la literatura.

No cabe duda, que a principios del siglo XXI, la izquierda idealizada, entró otra vez en la escena política, pero llevaba todas las de caer igual que los idealistas del siglo pasado. ¿Dónde reside el fracaso de la actual izquierda idealizada del siglo XXI? Pues, porque nunca se tomaron en serio la razón dialéctica, plural y dialógica, que los tiempos que corren nos exige. Los actuales hombres de izquierda, no son más que fariseos, observantes e intachables, que acusan de fracasados a los liberales de los 80 y 90. Pero, lo más escandaloso es que, la izquierda ha sustituido la liberación con la idealización espectacular de verse a sí mismos como el presente liberador de los pobres, aunque, la corrupción política y económica, es su mejor carta de presentación.

Por esa razón, la caída de Caracas y el madurismo, no será otra cosa que la bancarrota del socialismo, y en otro hora fue en el muro de Berlín; así se confirmará la hipótesis de la imposibilidad revolucionaria; si bien habrá caído el espíritu revolucionario, por culpa de la nueva izquierda idealizada, pero el camino hacia la era del vacío y el regreso del idealismo liberal inhumano, estará expedito una vez MÁS.

 

Iván Castro Aruzamen

Teólogo y filósofo