Opinion
LA REVOLUCIÓN EN LOS CINTIS 1810-1830
Los otros caminos
Iván Castro Aruzamen
Jueves, 22 Junio, 2017 - 15:25

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La revolución en los cintis 1810-1830, del periodista, Luis Alberto Guevara, publicado el 2015 en Sucre (Bolivia), en el mismo se narra las peripecias llevadas a cabo por el movimiento independentista de la región de los cintis durante una década; esta revolución liderada por el patriota, José Vicente Camargo, de quien el autor se ocupa en el Primer capítulo, poniendo de relieve su conducta y pensamiento, por algún motivo, no resonó en la magnitud de su impronta, en la historia independentista del país.

No soy historiador ni especialista en temas históricos, por lo que no me atrevo a hacer una valoración histórica de la obra; esa tarea se la dejo a los entendidos en tal asunto. Yo nada más como lector, voy echando unas líneas sobre las impresiones que han causado en mí el contenido del libro. August Vilmar, teólogo alemán del siglo XVIII, por allá en 1832 llamaba a la revolución, «la bestia abominable del abismo». Y Jurgen Moltmann, dice que la historia no es más que la historia de los muertos. Pues, en el libro, La revolución en los cintis 1810-1830, los muertos desfilan por decenas y centenares; si se hace cuentas, durante un decenio de armas, palos, piedras, ondas, y otros elementos contundentes, los muertos superan a otros escenarios donde hubo levantamientos de emancipación, hasta el momento de la independencia en 1825.

Aquí, algunos ejemplos de lo que voy diciendo. En el primer capítulo, El inicio de la revolución en los cintis, dice el autor: «Fue el primer enfrentamiento de otros que se sucedieron durante el día. La resistencia de los enemigos no duró mucho tiempo y se dieron a la fuga dejando algunos muertos en el campo» (p. 33); y en el capítulo tercero, Patriotas y realistas se disputan la capital de Pilaya y Paspaya, aparecen más muertos: «El enfrentamiento de ambas fuerzas se desató y no paró hasta después de unas horas. Los revolucionarios habían sido completamente derrotados con la pérdida de 400 hombres». (p. 55); en el capítulo cinco, Juntos Vicente Camargo y Gregorio Araoz de la Madrid, una escena de horror: «El ataque había finalizado y cuando De la Madrid llegó a la quebrada por donde habían pasado los enemigos se horrorizó al observar el estrago ocasionado. Se contabilizaron más de 80m cadáveres mutilados, la mayor parte por las piedras y hasta los fusiles estaban destrozados» (p.110). Estas son algunas muestras, digo yo, más allá de la valentía de unos y la defensa de intereses de otros, de eso que Vilmar llamaba, la bestia abominable del abismo. Toda revolución y toda guerra fratricida en la que los muertos doblan la última curva del camino, siempre serán manifestación del mal en el mundo.

Tras la lectura de cabecera, durante algunas noches, de La revolución en los cintis 1810-1830, texto en el que Luis Alberto Guevara López, ha puesto un enorme esfuerzo, he soñado con esos muertos en la región de los cintis, unos registrados con nombre y apellido, otros anónimos; pero también muchos de esos muertos me han soñado leyendo su historia de libertad.

 

Iván Castro Aruzamen

 

Teólogo y filósofo