Opinion
EL ESPECTÁCULO DE LA INTERPELACIÓN
Ojo al Charque
Constantino Rojas Burgos
Viernes, 2 Diciembre, 2016 - 17:20

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La interpelación a los ministros termina en aplausos, como si fuera un espectáculo artístico, en el que los “actores léase interpelados” reciben un reconocimiento del bando oficialista, previo consentimiento del partido y de la ventaja de tener el voto de dos tercios en el parlamento y que a pesar de las irregularidades planteadas por la oposición, no hacen más que respaldar a sus autoridades en una franca provocación a la inteligencia de los bolivianos.

El hecho volvió a ocurrir en la interpelación a la ministraPaco y al ministro Arce, la primera, por el gasto desmedido en publicidad y propaganda y el segundo por la construcción de un edificio para el Ministerio de Economía y Finanzas, la compra de muebles y  de alfombras persas valorados en miles de bolivianos. Ocurrirá lo mismo con la ministra de Medio Ambiente y Aguas Alexandra Moreira el 17 de diciembre próximo.

La interpelación a los ministros está prevista en el Artículo 158 de la Constitución Política del Estado Plurinacional, en el inciso 18 establece que la función de poder legislativo es interpelar a los Ministros de Estado individual o colectivamente a iniciativa de un asambleísta y acordar la censura por dos tercios de los miembros de la Asamblea. La interpelación podrá ser promovida por cualquiera de las Cámaras, es decir, senadores o diputados. De darse la censura implicaría la destitución del ministro interpelado.

Revisando datos del MAS en función de gobierno, encontramos siete casos de interpelación, los siete pasan a la historia como una triste paradoja del juego de poder, capaz de minimizar y desvalorizar a la oposición, que en su afán de controlar y fiscalizar la cosa pública, termina ridiculizada y despreciada por el oficialismo. No sirven para nada las pruebas y evidencias que deberían tener su peso por sobre toda influencia política, que hacen perder credibilidad en el parlamento, porque no tienen autoridad moral.

Recordemos la interpelación a Nemesia Achacollo por el caso de corrupción en el Fondo Indígena, a Juan Ramón Quintana en el presunto tráfico de influencias entre Gabriela Zapata, ex pareja del presidente Evo Morales, al ministro de Defensa Reymi Ferreira, presuntas irregularidades en la Fuerzas Armadas, el de Minería César Navarro y el de gobierno Carlos Romero por la muerte de cinco mineros cooperativistas y del viceministro de minería Rodolfo Illanes, asimismo, la ministra de Comunicación Marianela Paco y el uso desmesurado del presupuesto en propaganda electoral y gubernamental,  y finalmente,  el ministro Arce Catacora de Economía y Finanzas Públicas por la construcción de un edificio, la compra de muebles y de alfombras de origen asiático.

No se ejerce fiscalización, no hay lugar para debate, se aplica el rodillo parlamentario, se ridiculiza a la oposición y se da una imagen negativa a la opinión pública que cada vez que se escucha de hablar de interpelación a un Ministro,  se burlan por la redes sociales expresandosu rabia, descontento y malestar provocado por la actitud de los ministros interpelados, que terminan  gozando de la confianza de sus dirigentes políticos convirtiéndose en cómplices de los casos que llegan a la interpelación

 

De los siete ministros interpelados ninguno ha sufrido censura, porque hacen abuso de su condición de mayoría, pero la ciudadanía se da cuenta de lo mal que obran los parlamentarios oficialistas. La interpelación debería conducir a un cambiode actitud de los parlamentarios en la administración de los recursos del erario nacional, de otro modo la interpelación prevista en la Constitución Política del Estado Plurinacional se convierte en un simple saludo a la bandera.

El autor es periodista y docente universitario.