Opinion
OBRAS MALDECIDAS POR LA OPOSICIÓN
Ojo al Charque
Constantino Rojas Burgos
Viernes, 20 Octubre, 2017 - 10:40

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Culpabilizar a otros por las obras que el Gobierno construye y que se caen porque Celima Torrico — Ex ministra de Gobierno, dice que están “qhenchachadas por la oposición”, es un argumento que no tiene valor y que se cae en el vacío al igual que dichas obras. Se caen puentes, edificios, tinglados, carreteras, canchas deportivas donde se invirtió una millonada de dinero del Estado, que no cumplen una función social y para colmo quedan inutilizados como el puente de la Avenida Independencia y 6 de agosto en Cochabamba.

 

La palabra quechua qhenchachasqa, quiere decir desdichado, contaminado de mala suerte y de maldiciones. Además se refiere a las relaciones sociales entre las personas a quienes se puede dar un trato despectivo, por ser malvado, perverso, inclinado a las malas costumbres. No tiene nada que ver con las obras que implican uso de materiales, equipamiento, infraestructura  y recursos humanos que pueden dar consistencia a la obra que se construye.

 

Por tanto, las obras no se caen porque están maldecidas o porque tienen mala suerte, se caen por diversos factores que inciden en la duración y la resistencia a largo plazo. Por ejemplo, la  calidad de materiales de construcción, la solidez del suelo, el peso del edificio.  En el caso del Cercado de Cochabamba, se dispone de un suelo húmedo e inestable y se aconseja que no se construyan edificios altos.

 

Depende también de la conciencia de los contratistas y de los albañiles que cometen errores de cálculo y mezcla, usar materiales de baja calidad por ahorrar y equilibrar ingresos, además cubrir el “diezmo” que dicen que se estila pagar en todas las licitaciones de obras de las entidades públicas, que son también un riesgo para que las obras no estén garantizadas en cuanto a calidad, resistencia y duración.

 

Por otra parte, la tradición nos enseña que antes de construir, se aconseja q’oar y ch’allar el inicio de la obra, para alejar la mala suerte y los malos espíritus que podrían intervenir en un ánimo negativo entre los trabajadores. Esta tradición está presente en todos los confines de nuestra patria boliviana.

 

Señalar que las obras del Gobierno “están maldecidas por la oposición” implica que no se asume conciencia del daño que se provoca en la ciudadanía, siendo el control y la supervisión su plena responsabilidad, de aquellas obras que se encaran con recursos del Estado, que a veces, se gastan sin que responda a una necesidad, solo para favorecer a sus militantes que se benefician de la licitación de obras.

 

¡Basta ya de decir que la oposición es la culpable de todos los desastres que ocurren en el país! Si las obras se construyeran con seriedad y responsabilidad, el mismo Gobierno saldría fortalecido en el imaginario colectivo, incluso de la oposición, que no tendría argumentos para cuestionar el accionar de sus obras, si se trabaja con criterio técnico y administrativo, que ahora perjudica al erario nacional.

 

Sería recomendable que las autoridades gubernamentales dejen de expresar ideas inconexas y faltas de sentido, que solo buscan la censura y generan el repudio de la ciudadanía, que no tiene más remedio que aguantar lo que dicen y hacen nuestras autoridades en función de poder. Mariano Melgarejo, el ex presidente de la República de Bolivia, con sus dichos y hechos,  se queda pequeñito frente a tantas lenguas sueltas que ahora existen en el proceso de cambio.

 

El autor es periodista y docente universitario