Opinion
TRAS LAS HUELLAS DEL PASADO
Ojo al Charque
Constantino Rojas Burgos
Viernes, 3 Marzo, 2017 - 09:35

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La Ciudad de Itas o Ciudad de Piedra es un lugar turístico ubicado en el Parque Nacional de Toro Toro (Norte de Potosí), visitado por turistas nacionales y extranjeros, para admirar las enormes rocas sedimentadas, después de haber escalado desde el pueblo durante 21 kilómetros de recorrido en automóvil, con la sensación de estar subiendo al cielo hasta alcanzar los 3200 metros de altura.

El recorrido se realiza en compañía de un guía a cuyo cargo se encuentran entre 6 a 10 personas por grupo, cada grupo debe cancelar el derecho de visita al Parque Nacional de Toro Toro y que posibilita acceder a la Caverna de Umajalanta, el Vergel, el Cementerio de Tortugas, las Huellas de Dinosaurios, y también la Ciudad de Itas.

Escalando la serranía, lo primero que se aprecia es un pescado, formado en una roca de piedra, sitio obligado para tomar fotografías, continuando el camino se pasa por diferentes rocas sedimentadas, de cuando en cuando aparecen vizcachas para tomar sol y ver pasar a los turistas que descienden unas rocas escarpadas, ayudado por una cuerda hasta llegar a una caverna conocida como “Waka paqana”, lugar donde esconden vacas robadas de los comunarios de la región. 

Siguiendo el descenso encontramos otro atractivo llamado “Phisqa t’oqo”, es decir, cinco huecos, otra caverna donde se pueden apreciar huecos en las rocas formadas en la caverna, dejan ingresar luz por sus huecos y disponer de claridad en el interior, por cualquier lado que se ubique el turista. Son cavernas que nos remontan a las huellas del pasado.

La siguiente caverna es conocida como la Catedral, una caverna espaciosa, en el techo dispone de una formación cóncava que deja escapar dos espacios horizontales donde ingresa la luz del día, el piso tiene arena mojada por la temporada de lluvia que nos muestra lo suntuoso de la roca, que otra vez denota la huella que dejó el pasado a través del tiempo. 

En la Ciudad de Itas advertimos también una trompa de elefante, una roca enorme que da la sensación de estar viendo una trompa que se alimenta de frutas silvestres, asimismo, encontramos una enorme tortuga formada de la unión de dos rocas juntas que no dejan duda de la configuración del animal.

Por otra parte, al aire libre se divisa una roca plana hacia de color café, donde se observa pintura rupestre con figuras de animales de color rojizo que se diferencia del resto de la roca, que aún se conserva a pesar de la intemperie y del tiempo. La pintura queda desapercibida si el guía no tiene la perspicacia para detenerse en el lugar y mostrar a detalle la configuración de la pintura.

Continuando el recorrido se aprecia otra cueva en una formación rocosa de cinco metros de profundidad totalmente oscura y que exige de una linterna para observar el interior, al frente se muestra otra roca partida en otra cueva donde el turista por espacio de tres a cuatro minutos goza de la estrechez para atravesar la roca, exige delgadez y  habilidad para sortear las dificultades. Con esta roca acaba el recorrido y en adelante hay que pensar en el retorno.

Para regresar y llegar al punto de partida hay necesidad de escalar unas rocas agrestes, subiendo por unas escaleras guidas por una cuerda y el apoyo del guía que se ubica en la cúspide para ayudar en el ascenso. Ya en la cima se puede apreciar un interminable paisaje de cerros y rocas de todos los colores para gozar de un turismo de aventura.

El autor es periodista y docente universitario