Opinion
EL TIEMPO Y SUS DEMONIOS
Paralelo 21
Pablo Pizarro Guzmán
Martes, 30 Septiembre, 2014 - 12:31

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La ciudad de Tarija se caracterizó por ser una sociedad con tiempo. En el transcurso de su historia se refleja la parsimonia y la pausa con la que se transitaba. El reloj era un objeto intrascendente. El tiempo nos pertenecía de acuerdo a nuestra subjetividad. Entre uno y otro devenir surgía la sinrazón del transcurrir. 

Sin embargo, en tiempos modernos se trasluce la pérdida fundamental de un capital inconmensurable, el tiempo. Así, las llamadas sociedades evolucionadas desfilan como robots a través de un tiempo ajeno e inalcanzable. En otras palabras, las actuales convenciones no disimulan el despojo del cual somos sometidos.

En el fondo tiene que ver con la enajenación, dada la dinámica impuesta por el sistema económico capitalista. Como bien lo manifestó Marx, somos seres alienados, producto del denominado fetichismo de la mercancía. A pesar de ello, existimos sociedades calificadas como marginales a la civilización, que aún luchamospor reponer el reloj biológico que en tiempos de pre cultura fuera natural.  

Por ejemplo, en Tarija, la práctica cultural de la siesta se convierte en un nuestro tiempo. Así, la siesta nos devuelve a los mortales de ésta parte del planeta la quietud, la paz y la autoría del tiempo a la que estuvimos acostumbrados y que algún patroncillo de mala estirpe nos la quiere arrebatar.

En nuestra tierra, la siesta todavía funge como un patrimonio cultural. La practicaban mis antepasados, y espero que mi hijo aún la experimente, ya que la reproducción cultural vale en este caso.

Para nosotros los chapacos, la siesta alcanza ribetes de orden ritual. Nada mejor que hacerlo con pijama, encomendarse al creador con un padre nuestro y dejarse llevar por los dioses del olimpo por un par de horas. Es más, un apreciado amigo se llegó a enfurecer con su peluquero porque lo citó para las 14:30 hrs. Una total falta de respeto, porque en Tarija, la siesta, todavía y a pesar de todo se mantiene como sagrada.

Y tal vez sea un acto de protesta ante el avasallamiento del costo que nos han impuesto los poderosos de los penthouses para que el flujo de su capital se reproduzca, porque a fin de cuentas somos sus engranajes perfectos.
Entre los demonios del sistema judeo cristiano y la lucha diaria por recuperar nuestro tiempo aún queda una luz al final del camino que nos involucra directamente en la emancipación de nuestro ser. Entonces, larga vida a la siesta, nuestro tiempo.