Opinion
LA FELICIDAD, UN CAMINO DE IDA
Paralelo 21
Pablo Ernesto Pizarro – Guzmán*
Jueves, 16 Mayo, 2013 - 19:45

Valorar: 
Average: 5 (3 votes)

Escribir sobre la felicidad se convierte en un desafío apasionante, ya que es un tema de alta trascendencia humana, al igual que el amor, entendido en su máxima expresión. Creo que aprendimos, y muy bien, a abstraer sobre temas políticos, sociales y económicos, pero tropezamos cuando abordamos sobre los estados del alma, sobre todo en el hemisferio occidental donde el valor del “ser” se postergó por el “tener”.

Puntualizar sobre algunos aspectos de la felicidad tiene que ver con la búsqueda incesante por encontrar algunas luces dada la época incierta por la que transitamos. Tal es el caso de la globalización, fenómeno que ha reconfigurado la realidad, tiempo y espacio, la comunicación, la sociedad y sobre todo la economía.

Por estos motivos, existen iniciativas que despiertan nuevos horizontes. Como la Organización de las Naciones Unidas ONU que decretó a todos los 20 de marzo de cada año como el Día Internacional de la Felicidad. Celebración que empezará a regir desde el 2014. Esta medida, asumida por un organismo multilateral de alcance mundial, se convierte en un hito de la historia, ya que auspicia con políticas públicas la búsqueda de la satisfacción y bienestar pleno de las personas.

Otro ejemplo digno de conocer es el modelo de desarrollo que adoptó el país de Buthan donde decidieron medir la Felicidad Nacional Bruta FNB en contraposición al Producto Interno Bruto PIB. Esto significa que lo fundamental es el bienestar de sus habitantes en función de indicadores de conservación de su entorno natural, patrimonio cultural y la distribución equitativa de la riqueza.

La FNB acoge el verdadero desarrollo de la sociedad humana en la complementación y refuerzo mutuo del desarrollo material y espiritual. Sostenido en la conservación del medio ambiente, gobernabilidad política, desarrollo sostenible e igualitario y la preservación y promoción de valores culturales.

Ante esto, el famoso PIB de occidente no refleja el grado de plenitud de las personas, ya que no contempla la degradación de los recursos naturales, el tiempo libre, la justicia social y/o la distribución equitativa de los recursos. Es decir, el tan mentado crecimiento económico de los últimos 50 años no se ha traducido en felicidad.

Otra experiencia la brinda el monje francés Matthieu Ricard, a quien se lo considera el “hombre más feliz del mundo”. La universidad de Wisconsin estudió las resonancias magnéticas nucleares de este hombre, y descubrió que las emociones positivas que produce su cerebro son mayores a las normales del común de la gente. Ricard argumenta que la felicidad es algo alcanzable en la medida que superemos los aspectos negativos de la existencia. Incluso la muerte de nuestros seres queridos se sobrelleva si dejamos de enfocarnos en su lado dramático. “El mejor homenaje que podemos ofrecer a los que ya no están con nosotros es vivir la vida de forma constructiva, ser conscientes de que nacemos solos y morimos solos”.

En Tarija la felicidad tiene sus antecedentes en el escritor Billy Bluske Castellanos. Quien escribió un libro llamado “Subdesarrollo y felicidad”, donde construye una oda de los valores del pasado contra un desarrollismo que atenta contra la calma de los chapacos. Decía Bluske que la felicidad es un estado espiritual y no un resultado de la técnica y el desarrollo.

A partir de ello, rememora con humor y picardía pasajes de la vida tarijeña en medio de una gran pascana, donde no se necesitaba de la modernidad, fenómeno avasallador que atenta contra nuestras siestas, tertulias y guitarreadas. En esos tiempos se vivía feliz.

En este marco, la felicidad se debe convertir en una herramienta cotidiana que nos permita conducirnos con sabiduría, compasión, fe, y sobre todo con la capacidad de asumir la vida tal como viene, como un río que fluye en medio de las montañas. En definitiva, la felicidad nos otorga el don de ser buenas personas. Algo por lo que lucho más que nunca.

Pablo Ernesto Pizarro-Guzmán es comunicador social