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Juan José Toro Montoya
Miércoles, 20 Diciembre, 2017 - 20:17

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Los desastrosos resultados de las primeras elecciones judiciales (2011) confirmaron que la formación profesional y los méritos son imprescindibles para el desempeño de ciertas funciones.

No obstante, la formación del elemento humano está, también, influenciada por factores como la familia y el entorno. A lo largo de la historia de la humanidad, son abundantes los casos en los que los hijos, o descendientes, tomaron la posta a los padres, o ascendientes, y continuaron su obra o iniciaron la suya.

En la historia universal, son conocidos los casos de los Mozart, en la música; los Dumas, en la Literatura; los Renoir, en la pintura; y los Chaplin, en el cine.

Hace solo unos días falleció Alfredo Loaiza Ossio, pintor potosino con una calidad comparable a la de Alfredo La Placa y Ricardo Pérez Alcalá. Pudo ser tanto o más conocido que estos pero prefirió quedarse en Potosí y trabajar por y para su tierra. Poco antes de su muerte, fue incluido en una lista de notables que fueron distinguidos por la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. Era nieto del pintor Juan Loaiza e hijo de Teófilo Loaiza, el autor de “La chola de la petaca”.

También en Potosí, es ilustrativo el caso de Julio Lucas Jaimes, el famoso “Brocha Gorda”, y sus hijos Raúl y Ricardo Jaimes Freyre. Menos conocido para el interior es el de Donato Dalence, descendiente de José María y Pantaleón Dalence, y su hijo Walter Dalence, escritor que es más recordado por haber creado la actual bandera potosina.

Un cargo para el que es deseable una formación integral es el de rectora o rector de las universidades. Hasta hace poco, quienes llegaban a ellos eran personas muy ilustradas, con una larga carrera y notable prestigio. En el caso de Potosí, se puede mencionar, entre muchos, el caso de Alberto Saavedra Nogales, integrante de Gesta Bárbara que fue rector de la universidad Tomás Frías en dos periodos (1928-1930 y 1936-1946) y le tocó ser el primero de la era autonomista.

La autonomía fue reivindicada por el flamante rector de la Tomás Frías, Juan Justo Roberto Bohórquez Ayala, quien asumió sus funciones esta semana en una solemne ceremonia realizada después de mucho tiempo en esa casa de estudios superiores. Debido al daño que ha causado la desinstitucionalización, las últimas autoridades académicas juraron una vez conocido el cómputo, sin acto formal de por medio.

Bohórquez tuvo una ceremonia en la que, incluso, recibió la medalla y banda rectorales. Con esos símbolos en el pecho, cerró el acto con un “¡Viva la autonomía universitaria!”.

Antes de su posesión lo entrevisté en su casa de la calle Lanza y pude conocer su biblioteca. Los que saben dicen que a un hombre se lo puede conocer por sus libros. Yo vi los suyos y quedé impresionado. Le pedí que me preste algunos y se negó. No solo los tiene y lee sino que también los cuida.

El nuevo rector es un abogado con una sólida formación académica y estudios de posgrado que, además, está respaldada por antecedentes familiares y de entorno. Es nieto de Justo P. Ayala, integrante de “La Palestra”, el grupo cultural que surgió en 1918, paralelamente a Gesta Bárbara, y que imprimió la revista con ese nombre, y sobrino de Ricardo Bohórquez Ramírez, un abogado que cultivó la pintura, escultura y literatura y fue discípulo directo de Carlos Medinaceli.

Bohórquez Ayala llega al rectorado de la Tomás Frías con esos antecedentes y, por ello, se convierte en una esperanza para devolver a la universidad potosina al sitial que siempre tuvo. Toca esperar los resultados.

   

    

 

 

 

 

 

(*) Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.