El secreto de Simeón Roncal: así nació la cueca boliviana entre charangos y música sacra
Iván Ramos - Periodismo que Cuenta
Simeón Tadeo Roncal Gallardo no solo compuso cuecas. Construyó un puente. Entre los ritmos del norte de Potosí, la música clásica europea y la tradición catedralicia barroca que aún resonaba en Sucre.
Esa combinación —que hoy define a la cueca boliviana— no nació en los salones, sino en el recorrido.
Roncal escuchó primero en territorios como Tomoyo, Ravelo, Tinguipaya, Pocoata y Macha. Ahí recogió el pulso de los charangos campesinos y de las melodías que circulaban fuera del registro escrito.
Luego, en la ciudad, hizo algo distinto: ordenó ese material. Lo integró con estructuras académicas, con la armonía de los grandes maestros y con la influencia de la música sacra que formaba parte del entorno cultural sucrense. El resultado fue una cueca estilizada, capaz de transitar entre lo popular y lo formal.
El dato no es menor. Investigaciones recientes y el trabajo sostenido de especialistas como Guillermo Calvo coinciden en que esa fusión explica por qué la obra de Roncal marcó un punto de inflexión.
A esa lectura se suman el guitarrista Antonio Arandia y el músico Willy Claure, quienes sostienen que allí se consolida la cueca como género nacional.
Roncal nació en Sucre el 21 de abril de 1870.
Vivió entre dos siglos y dos mundos musicales. De uno tomó la raíz; del otro, la forma.
Su obra —alrededor de veinte cuecas— mantiene una característica singular: está atravesada por lo personal.
Títulos como La Ausencia, La Brisa, Noche Tempestuosa, Rosa, La Huérfana Virginia o El Olvido no solo nombran piezas musicales, sino episodios íntimos. Varias fueron dedicadas a sus hijas, Raquel y Julia, y a su hijo Simeón.
En 1986, en La Paz, el director Rolando Encinas Calderón encontró parte de ese repertorio en el repositorio nacional de música. La primera pieza que lo impactó fue El Olvido.
Desde entonces, su difusión ha permitido que nuevas generaciones vuelvan a interpretar a Roncal.
El compositor murió el 13 de enero de 1953 en La Paz. Sus restos permanecen allí.
En Sucre, el vínculo no se ha roto. La ciudad lo mantiene vivo en la práctica cotidiana: cada domingo, al mediodía, una cueca de Simeón Roncal Gallardo vuelve a sonar en Radio La Plata, en un mensaje de “Bolivianidad”
Al mismo tiempo, persiste una deuda. El traslado de sus restos a su ciudad natal sigue pendiente, a la espera de la autorización de sus familiares.
Mientras tanto, su legado continúa activo. No como pieza de archivo, sino como una música que todavía circula, se interpreta y define una parte de la identidad boliviana.
