Erick Fajardo Pozo[i]
Mientras las economías del planeta reemergían tras la pandemia, el Reporte Futuro del Empleo del Foro Económico Mundial 2023 advertía que, para el año 2027, el 60 por ciento de la fuerza laboral debería haber “readquirido habilidades ajustadas y reentrenado en nuevas habilidades emergentes” para adaptarse al vertiginoso panorama laboral surgido del shock disruptivo de la digitalización —provocado por el cierre de la economía impuesto por la cuarentena del Covid‑19, que empujó al mundo hacia una virtualidad que alteraría para siempre las definiciones de trabajo y educación.
El mayor indicador de esa migración de la actividad productiva fuera de las concepciones clásicas de trabajo fue el crecimiento del mercado de tráfico de datos. Para dar un ejemplo: la plataforma Zoom pasó de diez millones de usuarios en diciembre de 2019 a 300 millones en octubre de 2020, y a 500 millones en marzo de 2026. El crecimiento es exponencial si consideramos que en 2019 Zoom era casi absoluto, mientras que hoy comparte el mercado con otras plataformas de teleeducación y teletrabajo preferidas en educación y gobierno, como Microsoft Teams, que cuenta con número similar de usuarios.
La pandemia dio origen al boom de la industria de Tecnologías de Información (IT), que ajustó los procesos productivos a una nueva infraestructura de virtualidad en la que los profesionales y técnicos en procesos informáticos se convirtieron en una especie dominante transversal a todos los campos del quehacer productivo. Esta hegemonía recuerda la que tuvieron los asesores de bolsa y analistas financieros durante el boom de Wall Street en la década de 1980.
Pero volviendo al presente, a escasos meses de 2027, podemos afirmar que la profecía del WEF no solo se cumplió, sino que se transformó en una tendencia de evolución exponencial en el mercado de talento humano en la que la virtualidad no es el último capítulo. La última iteración de las IT —la Inteligencia Artificial— nos lleva de la digitalización de la infraestructura productiva al desarrollo de procesos cognitivos automatizados que demandan una interacción cada vez más orgánica entre el cerebro de la máquina y la mente humana.
McKinsey & Co., líder en asesoría de gestión para gobiernos y corporaciones, anticipa que para 2030 la industria de la Inteligencia Artificial habrá generado 12 millones de transiciones ocupacionales solo en los Estados Unidos, y que el 30 por ciento de las horas trabajadas estará automatizado. Accenture, firma competidora en el mismo rubro, coincide y estima que al menos el 40 por ciento de las horas productivas estará asistido y potenciado por tecnología basada en Inteligencia Artificial Generativa y en Modelos de Lenguaje de Gran Envergadura (LLM) como Grok, Perplexity o Claude.
Se asoma una era de nuevos modelos de industria y negocios que albergarán nuevos tipos de empleo, resultantes de la evolución de roles actuales potenciados por habilidades de interacción con la AI. Entre esos roles estarán consultores de Estrategia e Integración AI, gestores de Colaboración Humano‑Máquina, estrategas de Psicología de Ventas Asistida por AI, entre otros. En el sector público se acentuará la demanda de gestores de Ética y Políticas Públicas para AI, así como administradores de equidad en la economía de habilidades Humano‑Máquina.
En suma, el rol de la AI transformará transversalmente las estrategias y políticas de toda la industria de adquisición, administración y desarrollo de capital humano, tanto en el sector público como en el privado.
En este escenario prospectivo, la Teoría del Caos de Carreras es el único paradigma que aún conserva sentido para analizar el mercado laboral global. Asumir y anticipar la impredecibilidad, así como desarrollar adaptabilidad, se han convertido en habilidades críticas en la nueva economía de saberes y competencias. Para ello la integración con la AI es simplemente ineludible.
Adaptar e integrar son aún la manera de sobrevivir a cambios que pueden convertirse en eventos de extinción o en oportunidades para potenciar la simbiosis entre la capacidad creativa del cerebro humano y la inteligencia estratégica de la máquina hacia la construcción de una experiencia productiva sin precedentes, pero cuyos procesos de decisión estén regulados como nunca antes por el pensamiento crítico, la ética y la empatía humana.
[i] Analista, Master en Comunicación Política
