El “Rey del Sur” y el Escudo de las Américas

Por: Casey Cagley

El 13 de marzo de 2026, las autoridades bolivianas llevaron a cabo un operativo en Santa Cruz de la Sierra que resultó en la captura de Sebastián Marset. El capo uruguayo, conocido como el «Rey del Sur» y uno de los narcotraficantes más buscados por Estados Unidos, estaba vinculado al asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci (acribillado en Cartagena durante su luna de miel) y era un intermediario clave en el comercio de cocaína entre América Latina y Europa. La captura de Marset no es solo un éxito policial; en el contexto de una nueva administración en La Paz y el giro del presidente Rodrigo Paz hacia la cooperación de seguridad con EE. UU., su detención y posterior extradición inmediata son profundamente simbólicas.

La importancia de la captura de Marset radica principalmente en ser un indicador de la renovada cooperación entre Bolivia y Estados Unidos tras años de hostilidad. El suceso ocurre apenas unos días después de la participación del presidente Paz en la cumbre «Escudo de las Américas» (Shield of the Americas), celebrada el 7 de marzo en Doral, Florida. Durante dicha cumbre, los líderes de 13 naciones se comprometieron a participar en un marco de coalición militar para «erradicar los carteles criminales que plagan nuestra región», según palabras del presidente Trump. El papel de la Administración de Control de Drogas de EE. UU. (DEA) en la redada también es altamente simbólico. Expulsada por el expresidente Evo Morales en 2008, la DEA reanudó discretamente el intercambio de inteligencia y la cooperación en otros asuntos a principios de este año. El administrador de la DEA, Terrance Cole, dejó poco margen para la duda sobre el papel estadounidense en la operación al agradecer a las fuerzas del orden bolivianas su asistencia en la captura del fugitivo, quien también es requerido por las autoridades paraguayas.

El momento de la captura y entrega de Marset es ilustrativo. Por un lado, resulta conveniente para Paz como una señal de cooperación con EE. UU. en su tema insignia para América Latina y el Caribe. Parece probable que las autoridades bolivianas tuvieran conocimiento suficiente sobre las actividades y el paradero de Marset, y que su arresto habría ocurrido de todos modos. Sin embargo, hacerlo bajo el marco del Escudo de las Américas será útil para Paz en sus gestiones con la administración Trump.

Asimismo, el timing puede interpretarse como un reproche a la larga —y aparentemente cómoda— estancia del fugitivo en Bolivia bajo el mandato del presidente Luis Arce. Marset pudo haber ingresado a Bolivia ya en 2022 bajo varios alias brasileños y bolivianos. En 2023, la policía allanó la lujosa mansión de Marset y otras propiedades, pero este logró escapar con su esposa e hijos, grabando posteriormente un video en el que agradeció a personal de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) de Bolivia por alertarlo. Tras la captura de esta semana en el exclusivo barrio cruceño de Urubó, las autoridades revelaron que varios jueces habían devuelto ilegalmente a los socios de Marset muchos de los bienes incautados en aquel operativo de 2023, incluso después de realizado el allanamiento.

El caso Marset ilustra el peligro de la decadencia institucional y judicial. El valor del fugitivo en el tráfico global de drogas radicaba en su papel como intermediario y lavador de dinero, no en el control territorial o de «plazas» al estilo de los carteles de Sinaloa o el CJNG. A pesar de tener acceso a un poder de fuego considerable, no se ha visto el tipo de reacción violenta tras su arresto que se observó en México tras la muerte de «El Mencho» a manos de las autoridades el mes pasado, hecho sobre el cual la embajada de EE. UU. advirtió a los viajeros en Bolivia. Una prueba mayor será desarticular las redes de narcotráfico que sí controlan territorios significativos en el Trópico de Cochabamba, en Santa Cruz y otras regiones del país. No obstante, la tarea más importante sigue siendo reformar las instituciones democráticas, judiciales y de seguridad que permitieron a Marset operar desde Bolivia durante tanto tiempo. Su captura es un hito clave, pero no puede considerarse una declaración de victoria.

La presencia de Marset en una cárcel estadounidense puede ser un triunfo para el «Escudo de las Américas». Pero para Bolivia, la labor más difícil —limpiar un sistema judicial que demostró ser el mejor aliado del capo— apenas está comenzando.

 

Casey Cagley es politólogo y consultor de la firma Red Telescope Global, con sede en Seattle, Estados Unidos.