Juana A. Maturano Trigo - Comunicadora Social y abogada)
La campaña electoral para las elecciones subnacionales ingresa en la recta final y existe en las redes sociales y medios informativo un panorama plural e importante de rostros de hombres y mujeres que figuran como candidatos y candidatas para ocupar un cargo público electivo en los gobiernos departamentales y municipales. Pero lamentablemente, este panorama diverso y de equidad en la participación política, se ve empañada con los ataques de burla, menosprecio, insultos y ofensas despiadas hacia las mujeres candidatas, especialmente a aquellas que son conocidas y visibles del sector popular, rural o del espectáculo. Tristemente, ninguna autoridad o institución hizo nada ni puso coto a estos actos draconianos reñidos con la ley y los derechos humano en el país.
Hombres y mujeres tenemos el derecho de participar libremente en la formación, ejercicio y control del poder político sea de manera directa o a través de nuestros representantes en forma equitativa y en igualdad de condiciones. Este derecho, es un mandato constitucional y la garantía de su ejercicio pleno especialmente para las mujeres. Se encuentra desarrollado tanto en la Ley 348 Ley para Garantizar a las Mujeres una vida libre de violencia, que define y sanciona como un tipo violencia a la “Violencia en el Ejercicio Político y de Liderazgo de la Mujer” (art. 7 núm 13), concordante con lo establecido por el art. 7 de la Ley contra el acoso y violencia política – Ley 243.
El acoso político está expresado en actos de presión, persecución, hostigamiento o amenazas, cometidos por una persona o grupo de personas, directamente o a través de terceros, en contra de mujeres candidatas, electas, designadas o en ejercicio de la función político - pública o en contra de sus familias, con el propósito de acortar, suspender, impedir o restringir las funciones inherentes a su cargo, para inducirla u obligarla a que realice, en contra de su voluntad, una acción o incurra en una omisión, en el cumplimiento de sus funciones o en el ejercicio de sus derechos. Estos actos están sancionados por ley; pero si contrastamos lo establecido por norma y lo que ocurre en la actualidad con las diferentes candidaturas de mujeres, sin lugar a dudas podemos afirmar que existe un acoso político constante hacia las mujeres candidatas. Primero, hay que establecer que la sola inclusión de mujeres en las listas de los diferentes frentes políticos ya parece ser un gran triunfo porque ese filtro es hostil y difícil que tiene muchas exigencias, discriminación y miramientos para que una mujer logre una candidatura. Segundo, superada esa primera fase con los propietarios o dirigentes de los frentes políticos, la candidata debe enfrentarse al público militante o simpatizante donde debe justificar ese espacio logrado y para ello debe sopesar un examen minucioso de críticas de toda índole hasta su aceptación o rechazo definitivo. Todo este calvario con los varones no pasa, pero con las mujeres sí. Tercero, cuando esas candidatas se dan a conocer en un público más amplio como los medios de comunicación o las redes sociales, realmente tienen que tener mucha seguridad y fortaleza para soportar los ataques más terribles que una buena parte de internautas, cuentas falsas, guerra sucia o simplemente grupos de machistas secantes se dedican a insultar, ofender, menospreciar con sus burlas y descalificaciones; siendo la mayor tristeza, que este grupos de machistas secantes no solo son varones sino también mujeres. Es ahí donde surgen varias preguntas: ¿Por qué tanta fijación en las mujeres y no así en los varones?, ¿Por qué a las mujeres se exige perfección en su apariencia, estrato social, procedencia incluso en aspectos económicos?; sino de dónde vienen tantos memes hostiles y de burla para acosarlas constantemente, para violentarlas psicológicamente con el único propósito de apartarlas de esa aspiración justa, legítima y democrática. ¿Acaso no bastaría que, si una candidata no colma las expectativas del ciudadano, vote por otra candidatura y nada más?, entonces ¿cuál es la necesidad o utilidad de tanto ataque a estas candidatas?. Con qué derecho lo hacen!!!.
Por otro lado, la norma ha previsto otra garantía en el ejercicio del poder público, estableciendo por delito penado por ley, la Violencia Política, ésta que se expresa en acciones, conductas y/o agresiones físicas, psicológicas, sexuales cometidas por personas, directamente o a través de terceros, en contra de las mujeres candidatas (…) o en contra de su familia, para acortar, suspender, impedir o restringir el ejercicio de su cargo o para inducirla u obligarla a que realice, en contra de su voluntad, una acción o incurra en una omisión, en el cumplimiento de sus funciones o en el ejercicio de sus derechos; pero que es una constante en esta campaña electoral hacia las elecciones subnacionales. Las agresiones psicológicas mediante las redes sociales y comentarios en publicaciones noticiosas de medios de comunicación, sin ningún tipo de pudor están saturando las redes sociales, dejando entrever que el machismo y el patriarcado en hombres y mujeres está intacto; porque no otra cosa significa lo que muchas candidatas están soportando al momento. Pero en este aspecto, es importante remarcar que, no todas las candidatas sufren en la misma magnitud estas acciones de menosprecio o burlas, sino principalmente aquellas del sector popular, rural o del espectáculo – no mencionamos nombres por no omitir a ninguna – pero esta realidad no es la misma para aquellas candidatas de surgen de sectores económicamente pudientes o estratos sociales conservadores. En suma, ninguna mujer, debiera sufrir ningún tipo de acoso ni violencia política. Así dice la norma. Pero lamentablemente hace falta que la norma se materialice, que la población la respete y las instituciones llamadas por ley, garanticen ese derecho democrático de participación de manera pacífica y libre; por ello, es extraño que a vista y paciencia de todos, muchas mujeres candidatas en todos los departamentos del país estén siendo el blanco de ataques permanentes de acoso y violencia política, a quienes ni siquiera sus propios partidos que las postulan y menos su militancia, por lo menos las defienden, prima el dicho “sálvese quien pueda”; por cuanto, aún sigue siendo cruel y hostil el ejercicio de los derechos políticos para las mujeres el Bolivia. Es hora de poner un alto a tanta violencia mediática contra las candidatas y que se cumpla la ley.
