ERBOL: la voz de una Bolivia plural

Carlos Decker-Molina

Conocí a Inés González en Estocolmo, cuando periodistas bolivianos llegaban a Suecia para participar en cursos y seminarios impulsados por instituciones públicas que entonces entendían la cooperación internacional como una inversión en democracia. Hoy esos programas casi han desaparecido. El actual gobierno sueco, dominado por una coalición de derechas, ha reducido significativamente el apoyo a iniciativas de esta naturaleza.

Inés llegó con esa serenidad de quienes saben lo que buscan. Muy pronto descubrí en ella una periodista rigurosa, curiosa y de convicciones firmes. Nos hicimos amigos y, con el tiempo, tuve el privilegio de convertirme en uno de los colaboradores de ERBOL.

Entre periodistas rara vez existen las casualidades. Basta mencionar un libro, una película, un cuadro o una guerra para iniciar una conversación que puede durar horas. Compartimos una manera de mirar el mundo: la necesidad de comprenderlo antes de explicarlo.

Hay una imagen que nunca olvidé. En Estocolmo, la noticia de la muerte de su padre la obligó a interrumpir el curso y regresar a Bolivia. Aún recuerdo el abrazo de despedida entre lágrimas. Hay escenas que permanecen grabadas como si hubieran sido fundidas en metal.

Con los años supe que aquella periodista era también la directora de la Red ERBOL, una de las instituciones más respetadas del periodismo boliviano. No es casual. ERBOL nació del esfuerzo de hombres y mujeres —muchos de ellos vinculados a la Iglesia progresista— que entendieron el Evangelio como un compromiso con la dignidad humana, los derechos de los más pobres y la igualdad de oportunidades. Esa inspiración ética dio origen a un proyecto periodístico que nunca confundió información con propaganda.

En un país donde la radio continúa siendo el medio de comunicación más cercano a la población, ERBOL ha desempeñado un papel insustituible. Su voz llega a las comunidades rurales, a las antiguas regiones mineras, a las ciudades intermedias y a los barrios populares. Pero su mayor fortaleza no reside únicamente en su alcance, sino en su capacidad para hablarle a Bolivia en toda su diversidad.

ERBOL informa en castellano, pero también en quechua, aimara y otras lenguas originarias. Ese hecho, que podría parecer simplemente técnico, es profundamente político y cultural. Una democracia no solo se construye garantizando la libertad de expresión; también exige que todas las culturas tengan derecho a expresarse en su propia lengua y desde su propia visión del mundo. El periodismo multicultural no es una concesión folclórica: es una condición para que una sociedad se reconozca a sí misma.

La red nació en 1967, uno de los años más convulsos de la historia boliviana: la guerrilla del Che Guevara, los conflictos sociales, la inestabilidad política y una larga sucesión de gobiernos militares marcaron aquella época. En ese escenario, ERBOL apostó por alfabetizar, informar y formar ciudadanía. Casi seis décadas después, aquella misión se ha ampliado sin perder su esencia: informar con veracidad, educar para el pensamiento crítico y fortalecer la participación democrática.

Hoy, cuando las redes sociales multiplican la desinformación, cuando la polarización convierte al adversario en enemigo y cuando muchos medios se subordinan al poder político o económico, la existencia de un periodismo independiente adquiere un valor aún mayor.

La independencia periodística no significa neutralidad frente a la injusticia. Significa libertad para investigar, verificar los hechos, cuestionar al poder —sea cual sea su signo ideológico— y ofrecer a la ciudadanía la información necesaria para formar su propio juicio. El periodismo no está llamado a resolver los conflictos sociales, pero sí tiene la obligación de hacerlos visibles, explicar sus causas y dar voz a quienes rara vez son escuchados.

En ese sentido, ERBOL representa una tradición que Bolivia necesita preservar. No solo por su calidad profesional, sino porque ha demostrado que es posible ejercer un periodismo comprometido con los derechos humanos sin renunciar al rigor, y defender la diversidad cultural sin caer en el sectarismo.

Hace pocos días, Inés González recordó los momentos difíciles, los riesgos asumidos y las numerosas amenazas que la institución ha debido enfrentar durante sus cincuenta y nueve años de existencia. También habló de los desafíos tecnológicos y periodísticos que impone el futuro. Me alegró comprobar que el espíritu fundacional permanece intacto: hacer comunicación para fortalecer la democracia y contribuir a la transformación social desde la libertad.

Publicar mis artículos en ERBOL constituye para mí un verdadero honor. No solo por la amistad que me une a Inés, sino porque comparto una convicción profunda: sin periodismo independiente no existe democracia plena, y sin un periodismo que refleje la pluralidad cultural de Bolivia tampoco existe una nación capaz de reconocerse en toda su riqueza.

Un país tan diverso como Bolivia necesita muchas voces, muchas lenguas y muchas miradas. Necesita medios que unan sin uniformar y que integren sin borrar las diferencias.

Ese ha sido, y sigue siendo, el mayor mérito de ERBOL.

¡Salud por ERBOL! Y un abrazo entrañable para Inés González.

 

@ErbolDigital

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