Los Seres del Agua: Un Llamado Imposible de Ignorar

Nelson Martínez Espino - Comunicador Social

En las alturas de lo Andes, en la frontera líquida que une a Bolivia y Perú, existe una civilización de seres del agua. Los Urus Chipaya, Murato, los Iruitu y los Zuñi Ch’ulluni, conocidos colectivamente como los Qhas Qut suñi” (Mujeres y Hombres de Lagos y Ríos de Agua), no solo habitaban en las orillas del Lago Poopó o se asientan en Coipasa o el Titicaca, hoy peregrinan por las tierras desérticas donde antes existían ríos y lagos. Su existencia es un diálogo milenario con el agua dulce, un recurso que el mundo moderno da por sentado mientras el desarrollismo lo envenena y agota.

La inminente celebración del “Tercer Encuentro de los Qhas Qut suñi” que se realizará del 19 al 21 de este mes en el municipio de Jesús de Machaca, provincia Ingavi del departamento de La Paz, no es un evento cualquiera. Es una asamblea de emergencia de una de las culturas más antiguas del continente, cuyo mensaje de alerta y sabiduría es crucial para toda la humanidad. Su lucha por sobrevivir es espejo de nuestra propia lucha por un planeta habitable.

El primer llamado de este encuentro es una “revalorización de su lengua originaria”, el Uchumataku. La pérdida de una lengua no es solo la desaparición de palabras; es la extinción de un universo único de conocimiento, de una forma irrepetible de nombrar y, por tanto, de entender el mundo. En sus vocablos reside la cartografía precisa de los ecosistemas acuáticos, la taxonomía de especies y la filosofía de una convivencia simbiótica con la naturaleza. Perderla sería como borrar una biblioteca entera de soluciones ancestrales a problemas modernos.

El segundo mensaje es un “llamado urgente a la humanidad para proteger el agua dulce”. Los Seres del Agua son los canarios en la mina de carbón global. Su modo de vida está colapsando porque los ríos que los alimentaban se desvían para la minería, porque las aguas se contaminan por los gigantescos conglomerados humanos de las ciudades y porque el cambio climático evapora lo que queda. Su desaparición no es un accidente; es el síntoma de una enfermedad planetaria. Su grito de auxilio por el agua es, en realidad, un grito por el futuro de todos.

Por ello, el encuentro busca “reivindicar su derecho a existir como naciones”, con pleno respeto a sus usos, tradiciones y saberes ancestrales. No piden integración; exigen reconocimiento. Su propuesta no es el “desarrollo” tal como lo concebimos, sino la “recuperación del equilibrio y el respeto a la madre tierra”: de sus asentamientos en las riberas e islas flotantes, de las aves, plantas y demás especies que conforman su ecosistema cultural y material.

Exigen a los estados de “Bolivia y Perú” que dejen de mirarlos como reliquias del pasado y los vean como interlocutores válidos para la “formulación de políticas públicas” concretas. Políticas que vayan más allá del discurso y se traduzcan en acciones reales de saneamiento, gestión hídrica sostenible y protección legal de sus territorios ancestrales.

Este no es solo un problema de los Uru. Es una prueba de fuego para nuestra humanidad. La solidaridad que reclaman no es caridad; es una alianza estratégica. En su sabiduría está una parte clave de la respuesta a la crisis climática y civilizatoria que enfrentamos.

Apoyar este Tercer Encuentro es escuchar la voz del agua misma, que nos habla a través de ellos con una advertencia última: si dejamos que los Seres del Agua desaparezcan, nos estaremos cerrando la última puerta para recordar cómo vivir en armonía con este planeta. Su sobrevivencia es, también la nuestra.