Opinion
LOS TARIJEÑOS NACIMOS ARRIBA DE UNA BICI
Paralelo 21
Pablo Pizarro - Guzmán
Martes, 3 Noviembre, 2015 - 19:20

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Todavía me acuerdo de mi primera bicicleta, una pequeña Caloi de color guindo que me hacía sentir el niño más veloz de mundo en medio de los cañaverales y parques, allá en el viejo campamento del ingenio azucarero de Bermejo. Hasta que un día, algún dueño de lo ajeno se la llevó para disfrutar de la magia de andar pedaleando. Ni con el oráculo de la coca pudimos encontrar al malhechor.

Luego vino una bici más grande, otra Caloi de color plomo, con un asiento tapizado de negro y una parrilla para cargar las mochilas del colegio o a mis hermanos. Recorría las calles desde villa Fátima hasta el colegio La Salle de un solo envión. Con la bici me sentía dueño de las calles y del placer de sentir la libertad de a ratos.

Este tiempo de crianza con las bicis fue lo más común en Tarija.  Lástima que la modernidad trajo los autos y colectivos que al final terminaron invadiendo la ciudad y contaminando a diestra y siniestra. El transporte público creció sin un orden ni reglas claras. Los sindicatos privatizaron las vías como si fueran los amos y señores.

A pesar del colapso total del tráfico en Tarija, existe una esperanza de retomar a aquella cultura de la bicicleta. Para ello, se van conformando iniciativas ciudadanas que intentan reimpulsar a la bicicleta como un medio de transporte ecológico y también como un instrumento que favorece a una vida más sana y plena.

Es que la bicicleta ayuda a descongestionar las calles, a tener una mejor calidad de vida, no contamina el aire, no emite gases de efecto invernadero y tampoco produce contaminación acústica. Además previene la depresión, la diabetes tipo 2, enfermedades cardiacas y accidentes cerebrovasculares.

Sin embargo, para que de verdad la bici se constituya en un medio diario de transporte, la ciudad requiere resolver problemas estructurales que se han ido calcificando como una enfermedad. Debemos primero resolver los siguientes factores: adecuar el uso de las calzadas para los ciclistas, crear parqueos seguros para las bicis, organizar una instancia de préstamos de bicicletas, adecuar las vías y sus interconexiones para la seguridad de los pedalistas, modificar las normativas sobre tráfico y seguridad vial, concienciar y sensibilizar a la población, instaurar la integración con el transporte público y fundar ciclovías urbanas y rurales.

Hasta el momento existen algunos avances por parte del municipio para impulsar la cultura de la bicicleta, pero que al parecer todavía marcha lento, por ejemplo, aún no sé qué sucedió con los parqueos que habían sido anunciados o qué uso se da a las bicis que compraron para el nuevo parque urbano o en qué estado andan las ciclovías.

En este contexto, es tiempo ya de comenzar un movimiento serio que fomente el uso de la bici como medio de locomoción, para eso debemos en conjunto, sector público y privado más ciudadanos aunar ideas y actividades que impulsen para que la bicicleta se convierta en un medio vital de transporte en nuestra ciudad.