Maragua, el corazón de colores que late cerca de Sucre
Iván Ramos - Periodismo que Cuenta
Maragua, Quila Quila, Irupampa y Potolo concentran en un solo territorio una combinación singular de geología, historia y cultura viva. Ubicada en el Distrito 8 del municipio de Sucre, esta región alberga el imponente sinclinal de montañas de colores, una estructura geológica formada por la acumulación de sedimentos durante miles de años.
El acceso a Maragua forma parte de la experiencia turística. Caminatas prolongadas y rutas de altura conducen a un paisaje que se impone por su escala y diversidad natural.
Uno de los principales atractivos son las cascadas de Irupampa, alimentadas por lluvias y deshielos, que se han convertido en un punto clave del recorrido por su caudal, limpieza y entorno natural.
El territorio también es un espacio de fuerte identidad cultural. En Potolo, Quila Quila y Maragua se mantiene viva la tradición textil de la cultura Jalk’a, reconocida por sus colores y simbología ancestral.
Desde Clataquila, el antiguo camino del Inca conduce a las huellas de dinosaurios, un registro paleontológico que añade valor científico y turístico a la zona.
Otro punto de interés es la Garganta del Diablo, una profunda formación natural que destaca por su magnitud y por el impacto visual que genera en los visitantes.
Maragua es, además, un territorio marcado por la memoria histórica. Aquí se desarrolló parte del levantamiento indígena liderado por Tomás Katari en 1780, en resistencia a los abusos de la colonia española.
En Quila Quila conviven dos formas de organización social: los sindicatos campesinos y los ayllus, una estructura indígena anterior a la colonización. La iglesia San Francisco de Quila Quila conserva el mausoleo de Tomás Katari y constituye un sitio histórico de relevancia nacional.
Las viviendas de Maragua, construidas en piedra y con diseños geométricos precisos, reflejan técnicas constructivas tradicionales que se mantienen hasta hoy, junto a una iglesia antigua que resiste el paso del tiempo.
El recorrido turístico suele concluir en la cascada mayor de Irupampa, con vista directa al sinclinal de Maragua, uno de los paisajes más representativos de la región.
Pese a su riqueza natural y cultural, Maragua aún enfrenta limitaciones para consolidarse como destino turístico. Falta promoción, servicios básicos e infraestructura adecuada.
Autoridades y comunidades coinciden en que el territorio tiene un enorme potencial, pero requiere condiciones reales para que el turismo se desarrolle de manera sostenible y beneficie a la población local.
