Carlos Decker-Molina
Hay quienes dicen que la guerra contra Irán tiene, entre muchas causas, la desestabilización del aparato productivo chino; otros sostienen que es una forma de ayudar a Putin, cuya economía no atraviesa un buen momento. Y otros subrayan la “imposición” de Netanyahu, quien esperó 20 años para esta guerra. Hay “otros otros” que creen que es una guerra religiosa entre Israel e Irán, a la que se metió Trump porque es “divertido ver cómo caen las bombas”. Pero… ¿qué pasa con China?
China ha criticado abiertamente a Estados Unidos e Israel por la guerra contra Irán y su extensión regional. Pekín condenó tanto los bombardeos como el asesinato de dirigentes iraníes, calificándolos de acciones desestabilizadoras en un momento de alta tensión internacional.
Sin embargo, más que una reacción ideológica, la postura china responde a un cálculo estratégico: el Medio Oriente es clave para su seguridad energética y su expansión económica global.
¿Retroceso de China en América Latina?
Algunos analistas sostienen que los recientes movimientos en América Latina —presión sobre Panamá para limitar acuerdos con China, tensiones en torno a proyectos tecnológicos en Chile o debates sobre infraestructuras estratégicas en Perú— forman parte de una estrategia estadounidense para contener la influencia china.
En Panamá, por ejemplo, Washington ha presionado para limitar la presencia china en infraestructuras clave como puertos y telecomunicaciones.
El próximo objetivo es Chile: existen debates sobre proyectos estratégicos como cables submarinos de datos con participación china, se verá si Washington impone su voluntad.
Sobre Perú, no se conoce aún reacción sobre el megapuerto de Chancay, financiado por China, es hoy una de las principales puertas del Pacífico sudamericano hacia el Asia.
Más que “derrotas chinas”, estos episodios forman parte de una disputa estructural entre dos modelos de poder: El militar-financiero estadounidense y el comercial-tecnológico chino.
La estrategia china
China ha construido su influencia global sobre un principio simple, es decir, “no intervenir militarmente, sino penetrar económicamente”.
Ese enfoque quedó claro en Medio Oriente: En 2022–2023, Xi Jinping realizó visitas clave a Arabia Saudita y otros países del Golfo.
En marzo de 2023, China medió el restablecimiento de relaciones entre Irán y Arabia Saudita, dos rivales históricos.
Este hecho es crucial porque China no solo comercia, también empieza a actuar como potencia diplomática alternativa a EE.UU.
La lógica Xi Jinping podría resumirse así: “Estados Unidos vende armas; China vende infraestructuras, tecnología y crecimiento”.
No es solo propaganda. Es una estrategia coherente con su expansión global desde la “Ruta de la Seda”. China también está presente “soft power” a través de su culinaria, salud, longevidad, etc.
China e Irán
China es el principal socio económico de Irán: Compra entre el 80% y el 90% del petróleo iraní exportado. Ese petróleo representa aproximadamente 13–15% de las importaciones totales de China. Ambos países firmaron en 2021 un acuerdo estratégico a 25 años
Pero esta relación no es ideológica. Es instrumental: China necesita energía e Irán necesita mercados ante las sanciones occidentales
Al mismo tiempo, Pekín evita comprometerse militarmente. Su apoyo a Irán es económico y diplomático, no estratégico en términos bélicos.
Si preguntamos si ¿le afecta la guerra con Irán? Hay dos respuestas, la negativa y la verdadera. Le afecta mucho más de lo que parece.
La afirmación de que la guerra “no afecta a China” necesita matizarse.
Hay datos concretos, por ejemplo, China importa más de la mitad de su petróleo del Medio Oriente, por eso, el estrecho de Ormuz es vital para su abastecimiento.
La crisis actual ha obligado a reducir producción en refinerías y a buscar rutas alternativas.
Además: China posee reservas estratégicas cercanas a 1.400 millones de barriles. Tiene cobertura energética estimada entre 100 y 180 días según el Washington Institute. Esto le da margen, pero no inmunidad.
China está mejor preparada que Japón o Corea del Sur, pero sigue siendo vulnerable a una crisis prolongada.
La verdadera ventaja china
China lidera el mercado mundial de paneles solares, turbinas eólicas y vehículos eléctricos. Ha impulsado una electrificación masiva del transporte. Es el mayor emisor de CO₂, pero también el mayor inversor en energías renovables. Esto le permite reducir —gradualmente— su dependencia del petróleo. Desde ese punto de vista a China es el país mejor preparado para el embate de Ormuz.
Pero la guerra en Irán revela un límite, es decir, China no conquista territorios, conquista mercados, infraestructuras y cadenas de suministro, pero no se puede ser potencia global solo con comercio porque tarde o temprano, la economía entra en conflicto con la geopolítica.
La crisis de Irán obligó a China a evacuar a sus ciudadanos residentes en Irán. Los bombardeos y el cierre del estrecho de Ormuz han producido interrupciones comerciales lo que pone en riesgo las grandes inversiones para el establecimiento de la “Ruta de la Seda”
China juega una partida larga. No olvidar parte de su filosofía, en este caso se reduce a la expresión: “la paciencia china”. No busca victorias rápidas, sino posiciones irreversibles.
Mientras Estados Unidos actúa como potencia militar del presente, China se construye como potencia estructural del futuro.
Pero la guerra —como siempre— introduce una variable que ningún estratega controla y es el caos. Los chinos dicen que el “caos” aparece cuando la mente busca permanencia donde no la hay, controlar lo no se puede y cuando se aferra a ideas, personas o situaciones ajenas. En otras palabras, el caos no está en el mundo, sino en la relación que tenemos con él.
China no intenta “ordenar el caos”, sino comprender la naturaleza cambiante de la realidad.
Es otra manera de pensar. Los mismo pasa con la otra manera de pensar de los árabes o lo persas.
