Juan Carlos Ferreyra - comunicador social
Estamos en cuenta regresiva para recibir al mes más violento del año; el temido “octubre negro”. Mes que se ha caracterizado por hechos caóticos en el país que marcaron un cambio de rumbo en lo político especialmente. Entre los hechos más recordados en los últimos veinte años, tenemos en 2003 la “Guerra del Gas”, donde se produjeron violentos enfrentamientos porque la población se oponía a que el gas boliviano sea vendido vía Chile a Estados Unidos. El presidente de ese entonces, Gonzalo Sánchez de Lozada, se rehusó dar marcha atrás y el país se convulsionó hasta hacerlo renunciar.
En 2019, fue marcado por un conflicto político social. Se denunció un fraude electoral que desencadenó en enfrentamientos, represiones y la renuncia del entonces también presidente, Evo Morales a la primera magistratura, tras gobernar casi 14 años. También se recuerda al mes de octubre, como una tragedia la decisión de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) que emitió un fallo a favor de Chile en la demanda interpuesta por Bolivia en busca de lograr una salida al mar. Esto se produjo el 2018 durante el gobierno del masista, Evo Morales.
Actualmente, muchos temen que vuelva la violencia e incluso pidan la dimisión al cargo de presidente del país, que ejerce Rodrigo Paz, hace menos de un año. La gestión pasada por estas mismas fechas, también se habló de que muchos grupos políticos opositores al gobierno de Luis Arce Catacora, hablaban de “tumbarlo” porque no resolvía los problemas económicos y que, además, sus hijos estaban metidos en actos de corrupción sobre el manejo de la cosa pública. Por el bien de nuestra democracia, no se llegó a cumplir dicho vaticinio.
Ahora la situación política, social y económica que vivimos durante la gestión presidencial de Rodrigo Paz, no es diferente. Ya se escuchan voces de que debe dimitir al cargo de presidente. Porque también hasta ahora no soluciona la crisis económica, la falta de carburantes, la falta de dólares, elevación constante del precio de los productos de la canasta familiar a lo que se debe añadir el escándalo de corrupción, tentativa de feminicidio e infanticidio, descarado manejo de la administración pública de su gobierno por parte del extranjero argentino, Fernando Cerimedo y los denunciados actos de negociados de la familia del presidente.
Todo eso, se convirtió en una “bomba de tiempo” que podría explotar en la cara y manos del presidente Paz, en el venidero mes de octubre próximo como se anticipa. Con estado de excepción o sin el podría ser fatal para nuestra democracia. Es momento que el gobierno nacional tome decisiones a la altura de la actual coyuntura, así sean antipopulares porque no llegó al gobierno para eternizarse, sino para gobernar con autoridad y dar soluciones de verdad en el aspecto económico especialmente.
El presidente Paz Pereira, atraviesa su peor momento en los pocos meses que está al mando del país. Perdió toda autoridad y credibilidad a su gestión porque todo lo prometido en su campaña electoral hasta ahora nada se cumplió a cabalidad. Y en algunos casos cuando puso en marcha algunos decretos, le doblaron el brazo para hacerle borrar con el codo lo que escribió con la mano. Demostrando con eso debilidad y falta de autoridad para con su mandato gubernamental.
Otro punto débil que mostró hace poco, fue con el caso bullado Fernando Cerimedo-Nadia Beller. El cual ya dañó nuestra soberanía nacional, a tal punto que es un secreto a voces que, en estos últimos nueve meses, las decisiones importantes de las actividades de nuestra nación, lo habría tomado, el extranjero argentino Cerimedo. Lo cual también se puede interpretar como que el profesional boliviano, no vale. Lastimando el sentimiento de nacionalidad.
Las debilidades son más que las fortalezas dentro del gobierno central de Rodrigo Paz. Otro error garrafal demostrado hasta ahora es la falta de liderazgo del primer mandatario. Porque no supo articular una alianza política con Tuto Quiroga de LIBRE, Samuel Doria Medina de UN y Manfred Reyes Villa de SUMATE para tener amplia gobernabilidad parlamentaria. Piensa que él solo puede gobernar, craso error político.
Si hubiese tenido la habilidad y capacidad política negociadora, desde el primer día de su gestión presidencial, debería haberlos reunido para concertar un pacto por la democracia con el objetivo principal de reformar o cambiar toda la actual Constitución Política del Estado (CPE) y también introducir un nuevo modelo económico que reemplace al lapidario modelo económico, social y productivo instaurado por el masismo corrupto en las dos últimas décadas. Porque lo único que dejó, fue empobrecer más a los pobres. Con un acuerdo nacional político entre esas tres fuerzas señaladas, más el PDC, se tiene más de los dos tercios en el Legislativo para cumplir dichos cometidos. Solo es voluntad política y amor por la patria.
Es sabido que, en nueve meses no se puede reemplazar lo que se instauró en 20 años. Pero ya a estas alturas, debería verse o palpar algunas variaciones que den la esperanza de que estamos en un nuevo camino hacia el verdadero cambio.

