Infladecrecimiento

Manuel Morales Alvarez

Bolivia experimentará durante el año 2026 una situación de infladecrecimiento, es decir, la coexistencia de un proceso inflacionario —expresado en un aumento generalizado y sostenido de precios— junto a un decrecimiento económico. Estos dos fenómenos constituyen los indicadores más relevantes del deterioro tanto de la economía privada como de la economía pública.

Si bien existen datos oficiales sobre el comportamiento de la inflación en Bolivia —por ejemplo, el 20,4% registrado durante la gestión 2025—, la realidad cotidiana muestra niveles significativamente superiores. En este sentido, se evidencia un retraso estadístico y, probablemente, una falta de precisión técnica para reflejar adecuadamente el impacto real de la inflación sobre la población.

Veamos algunos ejemplos concretos que permiten comprender cómo se manifiesta la inflación y cómo se proyecta hacia el año 2026:

  • Incremento del precio del pan tras el retiro de la subvención de EMAPA: de 0,50 a 0,80 bolivianos por unidad, lo que representa un aumento del 62,5%. En departamentos y ciudades donde la subvención no funcionaba plenamente, el alza ha sido aún mayor.
  • Incremento de los carburantes: la gasolina especial subió de 3,72 a 6,96 bolivianos por litro (87% de aumento), mientras que el diésel pasó de 3,74 a 9,80 bolivianos por litro, lo que implica un incremento superior al 160%.
  • En el transporte urbano privado, los pasajes se incrementaron entre un 25% y más del 30%.
  • Los pasajes aéreos registraron aumentos de entre el 20% y el 40%, como consecuencia del incremento del 288% en el precio del Jet Fuel.
  • Desde el 2 de enero de 2026, se aplica un incremento del 40% en las rutas interdepartamentales, acordado entre la ATT y la Confederación de Choferes.
  • En el sector de la construcción, el alza de los insumos ha llevado a varias filiales de la Sociedad de Ingenieros a declararse en emergencia frente al colapso de la actividad. El cemento se incrementó en un 53%; los agregados (arena, grava y piedra triturada) en un 318%; el ladrillo en un 192%; y el fierro de construcción en un 168%. El sector demanda ajustes contractuales y pagos que deberán ser atendidos tanto por el Estado —gobierno central, alcaldías y gobernaciones— como por el sector privado.
  • En la actividad agropecuaria, todos los insumos se han encarecido debido a su origen importado. A ello se suman incrementos en el alquiler de maquinaria agrícola, semillas, agroquímicos y transporte.
  • En el rubro de medicamentos, los incrementos son particularmente severos, con reportes que van desde el 20% hasta más del 200% en determinados productos.
  • Los padres de familia enfrentan aumentos de hasta un 40% en los materiales escolares. El transporte escolar anuncia incrementos para la presente gestión y, previsiblemente, el mayor impacto se producirá en marzo, cuando el gobierno oficialice el alza de las pensiones en colegios privados. Las universidades privadas también han comunicado incrementos para esta gestión.

A este escenario se suma el anuncio del presidente del Banco Central de Bolivia (BCB), David Espinoza, quien anticipó que el país se prepara para abandonar el régimen de tipo de cambio fijo. En términos prácticos, esto implica una devaluación de la moneda boliviana frente al dólar, lo que tendrá como consecuencia inmediata una aceleración del proceso inflacionario.

Si este es el panorama inflacionario —que no es plenamente registrado por el Instituto Nacional de Estadística (INE)—, resulta evidente que el impacto sobre la economía popular es profundo y generalizado. Sin embargo, de manera paralela, la economía nacional no crecerá durante la presente gestión, configurando con claridad un escenario de infladecrecimiento.

Para que exista crecimiento económico, los sectores hidrocarburífero, minero y agropecuario deberían revertir las actuales tendencias de estancamiento o retroceso. Ello requeriría la ocurrencia de hechos extraordinarios en la economía nacional, situación que, en el contexto actual, no se vislumbra.

Las proyecciones para el Producto Interno Bruto (PIB) de Bolivia en 2026 confirman este panorama adverso. El Banco Mundial prevé una contracción del -1,1%, mientras que la CEPAL estima un crecimiento débil, entre el 0,5% y el 1,0%.

La inversión pública disminuirá por tercer año consecutivo en 2026. El Presupuesto General del Estado (PGE), elaborado por el gobierno saliente de Luis Arce y asumido por la administración de Rodrigo Paz, proyecta una asignación de 23.666 millones de bolivianos, lo que representa una reducción del 14,2% respecto a 2025. Para referencia, en 2024 la inversión pública alcanzó los 29.319 millones de bolivianos y en 2025 fue de 27.604 millones.

En cuanto a la inversión extranjera directa, su comportamiento histórico ha sido poco significativo, incluso durante el ciclo neoliberal, por lo que no constituye una variable capaz de revertir el actual escenario económico.

En conclusión, el infladecrecimiento se perfila como la característica dominante de la economía boliviana en el corto y mediano plazo, con efectos directos sobre la seguridad alimentaria, el empleo, los ingresos familiares y la estabilidad social del país.

28 de enero de 2026