Juana Maturano - Comunicadora Social y abogada
En el marco de la progresividad de los derechos humanos, y de los derechos políticos para las mujeres en este caso, es propicio destacar avances importantes de presencia de mujeres que han sido electas en instancias ejecutivas históricamente ocupadas por varones. Las elecciones subnacionales 2026 nos deja al menos, una gobernadora departamental, una alcaldesa de una ciudad Capital y varias alcaldesas en los 340 municipios existentes en Bolivia. En Chuquisaca, 4 alcaldías estarán dirigidas por Mujeres.
Invocando derechos constitucionales de igualdad, equidad y paridad en el ejercicio de los derechos políticos, se ha instado desde diferentes ámbitos de la colectividad institucional y organizacional, el respeto a las normas vigentes por parte de las fuerzas políticas participantes de la elección de autoridades, nacionales y subnacionales. En ese marco, no existe mayor dificultad en cuando a la claridad y exigibilidad de participación paritaria en instancias legislativas; debido a que, las nóminas y espacios legislativos son varios, siendo en la práctica, factible cumplir con dicho requisito y así se lo hizo; por ello, tanto en la Asamblea Legislativa Plurinacional, las Asambleas Departamentales y los Concejos Municipales se tiene la representación equitativa de autoridades electas entre hombres y mujeres. Empero, esta realidad no ocurre en instancias ejecutivas. Recuérdese sólo las últimas elecciones nacionales, en las que, los binomios presidenciales NO cumplieron con la alternancia de candidaturas para la Presidencia y Vicepresidencia de Bolivia; estando claro y obligatorio que, los binomios presidenciales deban estar conformados por un candidato a la Presidencia y una candidata a la Vicepresidencia o caso contrario a la inversa. Extremo que extrañamente no fue observado ni exigido por el Tribunal Supremo Electoral, cuando éste Órgano del Estado tiene la exclusiva misión de administrar la elección de autoridades en cumplimiento estricto de la ley y la Constitución.
Ahora bien, según la estructura institucional del estado en sus diferentes entidades territoriales autónomas, es preciso anotar que en instancias ejecutivas, solo el nivel nacional y algunos departamentos que alcanzaron a aprobar y normas su autonomía, exigen un binomio de candidaturas, como Presidencia y Vicepresidencia o Gobernación y Vice gobernación; no existiendo en la mayoría de los departamentos y menos en los ejecutivos municipales esta figura de binomios para aspirar a la paridad correspondiente; por lo que, con mayor facilidad, las mujeres quedan relegadas de esos espacios de participación para ser Presidenta, gobernadora o alcaldesa. Consecuentemente, tenemos la realidad actual, ya que, las instancias ejecutivas del estado están copadas por autoridades varones, donde las mujeres aparecen apenas como lunares; no habiendo coherencia en la práctica del derecho a la igualdad de oportunidades ni la obligatoriedad de participación paritaria y el 50 a 50. Por ello, es lógico deducir que si habiendo candidaturas de binomios, los frentes políticos no respetan la paridad y la instancia rectora como el Tribunal Supremo Electoral inobserva ese gran detalle y acoge binomios compuestos únicamente por varones, se torna casi imposible alcanzar lograr algún día, la equidad de participación en instancias ejecutivas por parte de las mujeres.
En consecuencia, ésta “cuesta arriba” para las mujeres, primero en alcanzar una candidatura y luego triunfar con la confianza del electorado para ocupar la silla de la instancia ejecutiva, es de celebrar la ocupación cada vez mayor de las mujeres estos espacios que históricamente pertenecieron a los varones cual si fuera de su propiedad. Por cuanto, tener electas a la fecha, una gobernadora departamental del Pando, una Alcaldesa de una ciudad capital como Sucre y varias alcaldesas en las diferentes provincias del país – cuatro en el caso de Chuquisaca (Sucre, Camargo, Villa Abecia y Macharetí), no es una señal menor, respecto del avance progresivo de derechos pero también de oportunidades para que las mujeres también pongan al servicio de la población, su capacidad, su trabajo, su gestión, sus políticas públicas y ojalá su visión diferente de hacer política porque las viejas prácticas han devaluado tanto esta actividad – la función pública - que debiera ser una función sagrada porque se trata de representar a toda una población para atender sus necesidades y trabajar por un progreso cual si fuera una madre que vela por mejores días de su familia. Ésa es la esperanza que las mujeres tenemos de mujeres autoridades especialmente en instancias ejecutivas, siendo espacios de decisión muy importantes para encarar problemas principalmente sociales y económicos que aquejan grandemente a las familias bolivianas.
Mientras tanto el 50 a 50 en instancias ejecutivas parece ser aún, una aspiración lejana. Lo importante son los avances que esperamos en adelante, continúen consolidándose y que la clase política sea menos formalista y no espere una ley que le obligue de manera expresa para la paridad en binomios al ejecutivo, sino exista una interpretación favorable de la norma vigente y una conciencia de compartir el poder entre hombres y mujeres, conformando equipos de trabajo y servicio a la ciudadanía sin sesgos de género para logar resultados acordes a la expectativa de la población tan invocada en discurso pero insatisfecha con el accionar de la clase política que administra el estado.
