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PSG ganó la clasificación al Chelsea al empatar 2-2
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Miércoles, 11 Marzo, 2015 - 19:12

Thiago Silva, el capitán brasileño del PSG, protagonizó uno de esos milagros del fútbol surgido cuando menos se le espera. Se elevó por encima de toda la defensa del Chelsea, se subió al cielo de Stamford Bridge, por encima de la coronilla de Terry, para cabecear un gol para la posteridad del club parisino.

Era el minuto 114 de la prórroga y el balón entró en parábola por encima de los larguísimos brazos de Courtois, que había salvado uno minuto antes otro cabezazo de Thiago Silva. El central brasileño se había redimido de un error gravísimo, al cometer un penalti por unas manos absurdas dentro del área.

El penalti que, ya en la prórroga, parecía dar al Chelsea el pase a los cuartos de final. Pero la justicia tomó cuerpo en Londres. Dirigido por el temple de Thiago Motta y por la clase de Pastore, el PSG había jugado 90 minitos con uno menos tras la expulsión inmerecida de Ibrahimovic a la media hora. Pero ni siquiera así renunció a un fútbol exquisito en las formas y en el fondo, en una lucha constante contra las adversidades. En la sonrisa pretendidamente irónica de Mourinho había mucho de amargura. Su equipo había sido un manual de mediocridad, siempre a remolque del buen gusto de su rival.

Ibrahimovic se había pasado media hora sin tocar ni bola. Aburrido. A la espera de un pase deciviso. Su equipo, el PSG, se desplegaba con elegancia por el centro del campo, gobernado por Motta y Pastore, pero moría a orillas de las torres defensivas del Chelsea, presididas por los largos brazos disuasorio de Courtois. Y justo cuando decidió entrar en acción, se le acabó el juego. Un choque lateral con Oscar, como mucho una tarjeta amarilla al delantero sueco por haber llegado tarde, acabó, sin embargo, con sus huesos en la ducha. Acosado por los jugadores del Chelsea, el árbitro, Bjorn Kuipers, un holandés de 41 años, expulsó a Ibra sin una sola duda. Aunque después le asaltaran muchas y quiso compensar su error con otro, eludiendo un penalti de Cavani sobre Diego Costa en el área parisina.

El equipo francés logró sobreponerse a la expulsión de Ibrahimovic

Laurent Blanc recompuso al PSG al replegar a su equipo dejando solo a Cavani en punta. El Chelsea, invitado a un ataque en estático, destapó sus enormes limitaciones. Pese a la desventaja numérica, el cuadro parisino siguió imponiendo su apuesta por la estética. El arranque de las jugadas estaba a cargo de Motta y de Verrati, la prolongación en manos de Pastore y la finalización debía ser cosa de Cavani. Siguiendo ese guion, el pequeño Verratti tuvo una arrancada de genio, dejó atrás a dos rivales con un cambio de ritmo y sirvió a Pastore. El volante argentino no perdió tiempo y envió de primeras a Cavani, ante la perspectiva de encarar a Courtois. El uruguayo pudo haber buscado el disparo raso al palo largo, pero prefirió driblar al meta blue. Tras lograrlo y con el balón perfilado a su zurda, disparó a romper ante la llegada despeserada de Azpilicueta y Cahill. El palo repelió el tiro ante la desesperación de Blanc desde la banda.

El baile de pases cortos y triangulaciones del PSG superó a un Chelsea limitado a no correr riesgos. El árbitro acabó por desquiciar al PSG cuando saldó con una amarilla una entrada por detrás a Thiago Silva más dura que de la Ibrahimovic a Oscar en la primera parte. El esfuerzo empezó a pasarle factura al PSG, en especial a Verratti, que pedía el cambio. El larguero le iba a caer a la cabeza a Sirigu cuando Cahill remató a bote pronto a la salida de un córner. Parecía sentenciado el choque cuando David Luiz, un ex del Chelsea abucheado en Stamford Bridge, subió a cabecear un córner. Lo hizo al primer palo de manera violenta, con una potencia descomunal ante la que Courtois no pudo ni pestañear.

Solo entonces, con el 1-1 y la prórroga a la vista, lanzó Mou a sus jugadores al ataque. E inició el tiempo de prolongación con la entrada de Drogba, el día de su 37 cumpleaños. El marfileño asistió estupefacto, como un espectador más, al cruce de cables de Thiago Silva, que palmeó el balón dentro del área en un salto con Zouma. Sin ninguna necesidad. El penalti lo transformó con un toque muy suave Hazard. El fin de la historia de no haber sido por la rebeldía de Thiago Silva. Cualquier otro se habría venido abajo. Él se alzó dos veces sobre la zaga blue. En la segunda superó la envergadura de Courtois. Y castigó la cicatería del Chelsea de Mou.

 

 

 

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