Código Lila: el protocolo que prioriza dignidad y acompañamiento en el final de vida
Iván Ramos - Periodismo que Cuenta
Cuando un paciente oncológico entra en fase avanzada y varios órganos comienzan a fallar, el enfoque médico cambia. Ya no se trata de curar, sino de aliviar. En ese momento se activa el “código lila”, un protocolo especial de acompañamiento en cuidados paliativos.
La explicación la brinda Rocío Luján Uría, psiquiatra psicooncóloga paliativista del Instituto Chuquisaqueño de Oncología, centro donde también se aplicó este procedimiento en la etapa final del humorista David Santalla, fallecido el 21 de febrero.
“El código lila se activa cuando el paciente ya no es candidato a tratamientos invasivos, terapia intensiva o reanimación. Buscamos calidad de vida. Salir del sufrimiento y evitar más padecimientos”, explica la especialista.
Se trata de una valoración interdisciplinaria y coordinada. Médicos, enfermeras, psicólogos y personal de apoyo determinan que la enfermedad ya no responde a terapias curativas y que la prioridad es el confort.
En esta fase se prioriza el control del dolor y de síntomas como dificultad respiratoria, náuseas, ansiedad o agitación. El objetivo es garantizar dignidad.
La especialista es enfática en un punto: en cuidados paliativos no se habla de abandono.
“Nosotros no usamos la frase ‘ya no se puede hacer nada’. Tampoco decimos que un paciente fue desahuciado. Siempre hay algo que hacer por la dignidad de la persona. Aunque no podamos curar, podemos aliviar, acompañar y cuidar hasta el último momento”, subraya.
EL PROTOCOLO NO SOLO SE CENTRA EN EL PACIENTE
“Muchas veces el enfermo está inconsciente. Quien vive la agonía es la familia”, señala Luján. Por eso el acompañamiento psicológico y espiritual se vuelve fundamental.
El equipo trabaja con los seres queridos para ayudarlos a comprender el proceso. Habla del “permiso de partir”: transmitirle al paciente que todo está bien, que puede descansar, que no necesita aferrarse.
“A veces decimos ‘no te vayas, no me dejes’. Ese apego puede prolongar la agonía. Se necesita amor compasivo, dejar ir con serenidad”, afirma.
El código lila implica también decisiones médicas claras: suspensión de procedimientos invasivos innecesarios, no reanimación si está establecido y, en casos de sufrimiento refractario, sedación paliativa.
NO ES RENDIRSE. ES CAMBIAR LA META
En el final de la vida, la medicina sigue actuando. No para curar, sino para proteger algo esencial: la dignidad humana.
