Opinion
El CHE y la ética revolucionaria
Sobrevigencias
Alfredo J. Zaconeta Torrico
Lunes, 9 Octubre, 2017 - 15:07

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50 años transcurrieron del asesinato del Che Guevara. A medio siglo de este hecho, su imagen sigue tan intacta, recibiendo críticas de sus detractores y respaldo de seguidores rescatando su acción y ética revolucionaria, a la cabeza de movilizaciones mundiales contra la globalización capitalista afirmando que “Otro Mundo es Posible”

Quienes aspiramos a instaurar la justicia en la Tierra y a terminar con toda forma de explotación y dominación, creemos que la sociedad se puede lograr otro mundo posible, necesario e imprescindible, frente al reino de la muerte, burocracia, mercado, dominación y explotación que continúa generando hambre y miseria en el planeta.

El Che y su imagen se transformaron en íconos mundiales debido a su rebeldía, cargadas de promesas y sueños que se disputaban entre lo real y lo imposible. El Che rescató el componente ético del socialismo, pero lo hizo desde un ángulo radical y crítico de todo reformismo evolucionista, por eso solía referirse recurrentemente en sus escritos y discursos a Lenin.

A sus críticos y detractores es bueno recordarles el rol que la CIA norteamericana jugó contra el Che. René Barrientos que se hizo del poder el 4 de noviembre de 1964 por medio del golpe de Estado, derrocó a un presidente electo y modificó el régimen político en el plano social y dio continuidad con la política del MNR derivada en represión a mineros y la alianza con los campesinos a través del Pacto Militar – Campesino.  

En 1967 Barrientos tuvo que enfrentar a la guerrilla del Che Guevara. En este objetivo la CIA jugó un papel relevante en el entrenamiento militar y la inteligencia.

Las acciones de la CIA se pusieron en ejecución cuando el 11 de marzo Vicente Rocabado Terrazas (que posteriormente trabajó para los servicios secretos e inteligencia del ejército) y Pastor Barrena Quintana, desertaron de las filas de la guerrilla y se presentaron a la IV División en Camiri y proporcionaron información detallada al ejército boliviano, sobre la presencia del Che en Ñancahuasu.

Barrientos al recibir la información de los desertores, inmediatamente solicitó ayuda a los Estados Unidos y coordinó trabajos de inteligencia con sus pares de Argentina, Brasil, Chile, Perú y Paraguay. Adys Cupull y Froilán González en su libro: La CIA contra el Che, aseveran que en marzo  de 1967 Milton Buls, agregado militar de los Estados Unidos en Bolivia, el jefe de la estación CIA John Tilton y el oficial Edward N. Fogler, viajaron a Camiri para interrogar a los desertores Rocabado y Barrena, además al prisionero Salustio Choque Choque.

El 23 de marzo de 1967, se produjo un enfrentamiento entre la guerrilla comandada por el Che y efectivos del ejército boliviano, con resultados catastróficos para los últimos. La derrota del ejército boliviano motivó a que el coronel Milton Buls viaje de forma urgente a Estados Unidos para solicitar ayuda, la que no se dejó esperar, disponiendo de asesores norteamericanos, oficiales de inteligencia y equipamiento con municiones.

Días después, el 27 de marzo de 1967, el teniente Redmond Weber, oficial que comandaba el grupo de las fuerzas especiales de los Estados Unidos, llegó a Santa Cruz, acompañado del mayor Ralph W. Shelton, y día después, llegó un avión norteamericano con 15 instructores expertos en lucha antiguerrilla, experimentados en Vietnam, quienes hubiesen provisto de NAPALM a la Fuerza Área de Bolivia para usarlo en su guerra contra el Che, cómo lo hizo Estados Unidos en su guerra en asía contra las guerrillas comandadas por Ho Chi Minh.

La CIA ocultó la presencia del Che en Bolivia, hasta crear las condiciones para enfrentar el revés que sufrió su aparto de espionaje el ingreso del Che sin que fuese detectado.

Adys Cupull y Froilán González en su libro detallan, que la estación CIA en La Paz, fue reforzada con Charles Langalis, Robert Stevens, William Culleghan, Hugo Murray, William Water, John Mills, Burdell Merrel, John H. Corr, Stanley Shepard entre otros. En el consulado de los Estados Unidos en Cochabamba Thomas Dickson, Thimothy Towell y Jonhn Maisto.

Dentro de los agentes de la CIA enviados a Camiri figura George Andrew Roth, que se hizo pasar por periodista free lance para medios extranjeros. La principal misión de este agente fue llegar donde se encontraban los guerrilleros, misión que cumplió argumentando que era fotógrafo profesional, que aprovecho para esparcir una sustancia química a las pertenencias de los guerrilleros para que posteriormente fueran rastreados por los perros entrenados por la CIA norteamericana

El 24 de abril de 1967 se incorporaron a las tareas de persecución al Che los norteamericanos Theodoro Kirsch junto Josep Keller. En mayo se sumaron el coronel Joseph Price y James Evett.

Paralelamente a este grupo, volvía al país el mayor Ralph W. Shelton, junto a su ayudante, el capitán Michel Lerov, para dirigir la escuela de Boinas Verdes, con técnicas utilizadas por los norteamericanos en Vietnam. También arribaron a Bolivia los capitanes Edmond Fricke y William Trimble.

A esta larga lista deben sumarse muchos nombres de felones, agentes cubano norteamericanos como Félix Rodríguez, Eduardo Gonzales y Margarito Cruz.

A este aparato debe sumarse a las múltiples traiciones que sufrió el Che en Bolivia, las más cuestionada la de Mario Monje Molina, que pese a comprometer el 31 de diciembre de 1966, la participación del Partido Comunista de Bolivia en la guerrilla, este no cumplió su palabra, primero dando el apoyo orgánico y político a la causa del Che, como tampoco el de adherirse como guerrillero a las filas del ELN.

Este desdichado episodio es retratado por el mismo Che en su diario de campaña como: "vacilante y acomodaticia y (que) preservaba el nombre histórico de quiénes debían ser condenados por su posición claudicante. El tiempo me daría la razón", y así lo hizo.

Monje por el remordimiento de su traición, renunció a la jefatura del PCB en 1968 y huyó de Bolivia.

La obra y palabra del Che hoy se ven distorsionadas, y sirve para sacar réditos partidarios para los políticos en función de gobierno. El Che fue un hombre honesto y murió peleando, renunciando a todo privilegio, que muchos “revolucionarios” no están dispuestos a hacerlo y que hoy pelean por permanecer en su zona de confort.

De la carta legada por el Che a sus hijos rescato: “…sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquier parte del mundo”, lo que en el accionar del Che, era la más linda cualidad de un revolucionario.

¡El Che vive, la lucha sigue!

Es periodista

 

Twitter: @alfredozaconeta